Otra vez llueve

Llueve otra vez. En el libro que leo, en la montaña que habito, en la cama en que duermo. Es otoño y anuncian lluvia. Cae sobre la alfombra de hojas en el bosque y también sobre la cabeza desprotegida de una niña que camina por la carretera. Moja la ropa y llena de pequeñas gotas la lente con la que me asomo, de noche, al escenario. Agua que cae casi transparente en la estación en que las hojas cambian de color y se visten con pinturas mate.

Hay un pequeño reguero en el alfanje del samurai.

Llovió en verano. Era una ciudad al sur de muchas cosas. Blanca, amarilla (“albero” dicen ellos). Me sorprendió la tormenta en la calle, inevitable, inesperada, generosa. Se formaron pequeños riachuelos que no encontraban salida en las aceras, y en las tiendas de recuerdos ficticios tuvieron que recoger prestos las cuentas de colores que, chillonas, afeaban el paisaje urbano. Mi camisa de verano, mis zapatos ligeros, se empaparon junto al río, ancho como el abrazo de un buen amigo.

Antes había pasado la primavera. Agua fría de deshielo que abrió grietas en la nieve. Las leyes físicas cumplieron su mandato y la corriente erosionó la roca, horadó la tierra, dejó su huella. Oí una vez, o más bien lo leí en la pared de un sitio al que no he vuelto, que la gota vence a la piedra por su constancia, no por su fuerza. Cuando del todo se vaya la nieve, el terreno habrá cambiado: llevará al mismo sitio pero de otra manera. Alrededor, irá floreciendo hierba nueva, inseminada la tierra por la química exacta del oxígeno y el hidrógeno. Allí habrá barro en el que resbalar.

El invierno anterior llovió mucho y yo lo vi. Todo el día llovió, toda la noche lloviendoLo podía ver en el cristal del coche aparcado y también si quería mirar por la ventana cerrada, la persiana subida. En el camino hacia la playa se formaron charcos muchos días y algunas noches. Hubo veces en que los ojos eran nubes y las lágrimas, carga de lluvia. Recuerdo que también soplaba el viento en los días de ocio, con fuerza en más de una ocasión. Fue un invierno muy lluvioso.

La lluvia nevada de diciembre se desheló en torrente de abril. Se evaporó en junio y fue tormenta de agosto. En octubre hay pequeños surcos de lluvia en el campo en el que mis pasos van.

Y, antes y ahora, cada vez que llueve, aun en días de secano, me sigo mojando.

 

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