Placeres pequeños (I)

Carretera y lluviaEl día no había empezado así, nada anticipaba la deriva de los acontecimientos.

Sin saber muy bien cómo acabas en ese sitio, y en esa situación. Decides dejarte llevar con todas las consecuencias.

Poco a poco se ha hecho inexcusablemente tarde; es ya casi de noche. Sales y cierras la puerta sin mirar atrás y te diriges al coche. Abres y te sientas, la sonrisa tenue aún en la cara; entornados los ojos. Dejas pasar unos segundos.

En la cabeza no hay palabras, sólo colores y el rastro de alguna sensación que no sabes a cuál de los cinco sentidos puede corresponder.

Gotas de la lluvia que ha ido cayendo mientras no estabas se han adueñado del cristal. Forman una agradable película protectora: el mundo queda borroso al otro lado.

Giras sin prisa la llave y el motor se despereza. Vuelves en ti y accionas el parabrisas: lentamente, éste barre con suavidad la película de agua que te ha estado esperando. Aparece el cristal desnudo. Sientes un placer pequeño.Agua en gotas

Ahora lo ves todo más claro.

@josetxu_erre

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Nespresso Krups y Kurt Vonnegut: “La cartera del cretino”

Kurt Vonnegut y una Nespresso Krups entraron hace poco en mi vida por diferentes caminos.

Kurt Vonnegut me miró socarronamente desde una estantería mientras yo buscaba las “Historias del arco iris” de Vollmann. Si me hubiera cruzado con él por la calle, con esa visera, bigote, esas bolsas bajo los ojos y ese cuello de gabardina subido, hubiera rehuido su paso. Sin embargo, en la portada de un libro titulado “La cartera del cretino” fue, sin duda, el color naranja del filo de las hojas el que le confería un aire de complicidad que me resultó imposible de rechazar. Compré el libro.

Malas compaías

Malas compañías

Lo de la cafetera fue diferente. Ya era mayoría absoluta la gente que tenía la Nespresso, pero yo no tenía una. Y no es nada inocente que la citada mayoría tuviera la (artículo determinado) Nespresso, en lugar de una (artículo indeterminado) Nespresso. Es como cuando la gente (otra gente, no necesariamente los ya citados que tienen cafeteras, en el mundo hay mucha gente, hay gente, incluso, pa tó) se compra el Omega, o el BMW, el osito de Tous o la pantera de Cartier. No sé si me explico, si compras con artículo determinado, es porque ese objeto estaba, precisamente pre-determinado para que fuera tuyo, formaba parte de un proyecto, probablemente, vital. Pero, por ejemplo, si yo algún día me compro un Franck Muller auténtico, será éso, uno, pero no el, porque, a día de hoy, ni mi cartera ni mi conciencia me permiten pensar que ese reloj y yo formemos parte del mismo cuento.

En fin, lo de mi Nespresso no tuvo, por tanto, nada de flechazo, sino que fue, más bien,  un acto de integración social. Sigue leyendo