Dolores pequeños (II)

Pulsa

Foto de Alexander Boden bajo licencia de Creative Commons CC BY-SA 2.0

Viaja el ascensor más lento, más cansino desfilan hoy los pisos camino del tuyo (tuyo porque allí duermes, no tuyo porque te espere). Al entrar en él has visto tu imagen recogida en el espejo y éste te ha devuelto el reflejo de tu espalda encorvada, como sucede en los días de frío. Has doblado la columna un poco más para que tu cuerpo se aproxime a ese dibujo. Sigue leyendo

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Madrid – Badajoz – Navidad

No es posible saber cuál es el centro geográfico exacto de la enorme estación de autobuses, pero el niño cree estar precisamente en él, y eso le sucede desde hace un rato por más que se muevan de un lado para otro arrastrando maletas y bolsas con bocadillos para el camino y con el mazapán que sobró. Su vacío en el estómago lo llena el humo que sale de los escapes de los autocares a punto de salir. El niño respira esos gases y la nariz, los pulmones y el estómago se le llenan de olor a miedo y a viaje en Navidad. Es muy probable que a esa hora sus amigos estén jugando en la plaza. Él manosea el papel blanco y azul de los dos caramelos de anís que están en su bolsillo, y que hacen compañía a llavero del lobito feroz que ya tiene roto el cierre. Con la otra mano se agarra a su madre, que no para de hablar con sus tíos.

 

 

La familia se mueve por la estación, cruzando por detrás o por delante de autobuses que salen o llegan, y que avanzan torpes y muy despacio porque bajo los techos altos de la terminal no están marcados los carriles de entrada o salida: las cocheras con como una gran plaza desnuda de asfalto. Su madre lleva botas para el frío, pantalones de pana (no hace mucho que empezó a ponérselos) y un jersey grueso y defensivo bajo el abriguillo de batalla. Sigue leyendo