Edición del coleccionista

Todo lo que tiene nombre existe (“izena duenak izana”) y para todo hay una primera vez. Una de las pocas cosas que tenía definidas cuando empecé este blog es que no quería dejar pasar más de quince días entre una y otra entrada. Otras muchas cosas no me las dejé claras: el porqué, el para qué, el cómo, … Y había otras que me enuncié a mi mismo pero sin excesiva convicción, más bien como un deseo sin exceso de compromiso; entre estas últimas estaba la de no hablar del blog en sí, ni del acto de escribir ni de cuestiones conexas.

Sin embargo, a medida que se acercaba el segundo aniversario de la apertura del blog he perdido la regularidad en la publicación y, me ha empezado a rondar la idea de hacer una entrada como esta, sin maquillaje, con menos artificio y haciendo algo emparentado con un balance.

Dos años después de la primera entrada (“La utilidad de la diplomacia“) echo la vista atrás (nunca dejo de hacerlo) y veo el camino recorrido. Releo algunas cosas y veo que hubieran necesitado más reposo y también más repaso. Recuerdo sentimientos y sensaciones que he experimentado durante este tiempo: ilusión, sorpresa, decepción, … y al mirar hacia adelante veo que sigo sin saber qué hago aquí.

Ramones

Ramones

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