Mi cerveza con Iribar

A vuestra salud (www.posterpal.com)

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Puede que no sea tan difícil vivir momentos eternos. Bilbao es pequeño y sus superhéroes andan por la calle. Y a veces también llegan a mi pueblo, G.:

Yo iba de camino a un funeral, de esos a los que no tienes muchas ganas de llegar a tiempo. El abuelo o el padre de alguien, no recuerdo bien, luego dijeron que era el socio número 1 del Athletic en aquel momento.

Buscando alguna razón para dar tiempo a que avanzara la liturgia, me dí cuenta de mi necesidad de encontrar un cuarto de baño que me permitiera aliviar la incomodidad que me provocaba el agua que había bebido durante la tarde en la oficina. Conque, de camino a la iglesia, decidí parar en el bar “Derby”, hoy ya tan desaparecido que ni siquiera encuentro imágenes suyas en internet.

Dada la imperiosa necesidad de aparentar normalidad que tenía en aquella época, en lugar de dirigirme directamente a los servicios (¿a quién hubiera hecho yo mal?) me acerqué a la barra y pedí lo más pequeño que se me ocurrió, es decir, un zurito, un vaso pequeño de cerveza.

Cuando me lo sirvieron me dí cuenta de quién estaba a mi lado: Iribar (¡Iribar!) El que fuera mejor portero del mundo (y luego propietario de un almacén de patatas lógicamente condenado al fracaso) estaba solo tomando una cerveza a mi lado. Supe después que se dirigía al mismo funeral que yo y más tarde entendí que su falta de prisa podría deberse al aburrimiento que provocan esas ceremonias en alguien inmortal como él. Sigue leyendo