Unidades y errores de medida.

Es posible que fuéramos más felices si no hubiera nada en la vida que se repitiera: si todo sucediera una sola vez, si solo estuviéramos una ocasión primera en cada ciudad, si sólo nos enamoráramos cuando aún somos por completo ignorantes del amor, si sólo pecáramos cuando aún no hemos perdido la inocencia. Avanzaríamos, entonces, sabiendo que no hay retorno posible al lugar en el que sufrimos, que no hay repetición que aceche un error ya cometido: una mala amistad, una elección equivocada. Pero al igual que los héroes de los dramas de Esquilo alcanzan el conocimiento con aquello que les hace sufrir, también nosotros aprendemos muchas veces en el esfuerzo que supone volver a pasar por un mismo lugar.

En realidad no pretendía ser demasiado metafórico. La idea de esta entrada surgió al volver a subir – por fin – la Mesa de los Tres Reyes el pasado mes de julio. No tenía más de 21 años cuando la subí por primera vez y, ahora me doy cuenta, han pasado otros 21 años hasta que de nuevo la ascendí en verano. Muchas cosas han quedado por el camino de esa media vida, es inevitable, pero ha habido otras muchas que han ido sedimentándose en mi interior. La Mesa es para mí un símbolo antes que un monte. En esa primera subida descubrí que la distancia que puede abarcar una mirada es mucho más grande de lo que pensaba; conocí que en el monte, sobre todo en Pirineos, la escala es diferente; supe que en el mundo se puede mirar mucho más allá sin cansarse y sentí la maravilla de tener por delante un largo camino, marcado en la hierba, esperando ser recorrido por mí, tan largo, que no importa si ves o no final.

Grandes distancias

Grandes distancias

No era el monte solo, por supuesto. Tenía a mi lado una chica que tras varios intentos me había dicho que sí, una carrera ya mediada que me hacía mirar la juventud como algo lleno de vida y de posibilidades y unas convicciones que me hacían ver el mundo como tierra que conquistar. Pequeñas cosas que ayudan a que el mundo sea “más humano, más amable, menos raro“.

Por eso 21 años después, y en medio de la felicidad del reencuentro me hallaba elucubrando sobre la validez de las unidades de medida que habitualmente utilizo para calibrar lo que me sucede, lo que veo, lo que quiero y lo que no me gusta. Pensé, quizá días más tarde, que las medidas inmutables no existen (¿se puede afirmar esto como una verdad absoluta? supongo que no), que el tamaño de nuestros logros, de nuestros escenarios y también el de nuestros miedos depende de multitud de factores, incluidos algunos que creemos controlar.

Lo pensé también en L., en el oeste de Francia, ciudad de la que sólo conocía, yo solo y cargado con una mochila, la estación de tren de un viaje de vuelta de la Comunidad de Taizé. Esa estación, apenas a 300 metros en línea recta la podía contemplar, 22 años después, desde la habitación cuádruple de un hotel de cadena, con varias maletas y diferentes bolsas desparramadas por el suelo, y me pregunté cuál era la distancia real que me separaba de esa estación: ¿300 metros?, ¿22 años?, ¿una mujer y dos hijas?, ¿cuatro maletas? No supe responderme: era todo y era nada.

Durante los días de verano hubo más situaciones con argumentos análogos. Por ejemplo, saber que una misma acción como es prepararse para salir de casa a pasar el día fuera puede durar cinco minutos si sólo depende de mí o una hora si hay que conseguir que todos los ingredientes de la ensalada familiar se acompasen: que las niñas se vistan y se laven los dientes, que las mochilas estén listas y la estancia mínimamente recogida, que su madre no encuentre alguna extraña tarea doméstica inaplazable. En realidad, la acción es la misma, el resultado es idéntico: dar comienzo a un nuevo día de vacaciones, pero ¿cuál es la medida correcta para valorar la espera? Y me doy cuenta que la medida no no son los minutos, es la impaciencia.

Un mecanismo como otro cualquiera

Un mecanismo como otro cualquiera

Antes, hace mucho, cuando en lugar de ir al monte me llevaban, solía fijarme en los postes indicadores de distancias exactas y tiempos estimados. Era raro que no mejoráramos esa predicción sin grandes esfuerzos, lo de tres horas se hacía en dos y media, lo de una hora en cuarenta y cinco minutos. Eso era cuando pensaba que la juventud era la medida de todas las cosas. Ahora, sin embargo, lo habitual es que supere esas estimaciones, que tarde un poco más, que no cumpla la profecía del indicador. En algún momento, por tanto, he ido ganando equipaje y perdiendo velocidad, he cambiado, tal vez, kilos por kilómetros, y no deja de llamarme la atención que la segunda palabra incluya dentro de sí a la primera.

Tener este tipo de pensamientos hace que te sientas algo mayor, pero también más maduro, como si en medio de una subida te giraras y vieras la senda recorrida y dijeras “hace mucho que salí, he recorrido un buen trecho y cada vez estoy más alto, ya no soy nuevo en este camino”. En esos raros momentos de autocomplacencia sucede que un día de vacaciones subo primero en I. a un tren para llegar a una estación de esquí, y luego, desde G., cojo un teleférico para subir a 2.000 metros y así empiezo a andar siguiendo unas indicaciones con fondo amarillo (“B. 1 hora”). Resulta que las montañas que rodean el camino superan los 3.000 y aún los 4.000, y los desniveles y la lejanía de los prados del valle superan a su vez cualquier paisaje que has visto hasta entonces. Pasa la hora y aún no he llegado, por supuesto, pero tampoco importa. En mi camino se cruzan cabras que buscan alimento, un cura con sotana y botas de monte y un japonés con meggings. Llego – llegamos –  al laguito, como – comemos – un nuevo “bocadillo con vistas”, disfrutando de las nuevas dimensiones que el paisaje  ofrece y hago fotos, una de las cuales pondré un mes más tarde como imagen de cabecera del blog.

Lejos, lejos

Alto, muy alto

He hecho una nueva excursión de verano, un paseo por el monte sin haber madrugado, con niñas que se cansan y quieren llegar, con turistas de ojos rasgados y mujeres de velo en la cabeza. He visto paisajes nuevos, territorios naturales que algo o alguien creó hace mucho mucho tiempo. Soy más pequeño que nunca con relación a lo que me rodea, pero más importante sin embargo.

Y he aquí que, media vida después, descubro nuevas unidades de medida cuya perdurabilidad (algo he aprendido) ignoro por completo.

soy un accidente, un error de medida

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La liebre con ojos de ámbar. Una herencia oculta.

Elegir es una tortura, una asfixia: tener que elegir qué como hoy, cuál es mi camiseta preferida, elegir la cerveza que más me gusta o la música que hoy voy a escuchar, … Hay otras decisiones de más calado, por supuesto, pero son menos preocupantes porque para esas la Naturaleza nos ha dotado de mecanismos que orientan nuestra capacidad de decisión; la Iglesia, con su habitual perspicacia, ha detectado y clasificado a la perfección esos engranajes, a los que ha denominado “pecados capitales”: siete impulsos universales que son una ayuda inestimable para conducirnos en la vida. Sigue leyendo

Casi todos los #summertrending y un epílogo que cita a Esquilo.

¿Por qué yo no? Grandes escritores y escritoras, iconos musicales, políticos en campaña, los amigos más divertidos y, en definitiva, cualquiera que vale la pena recurre en algún momento de su carrera a editar una recopilación: a contar lo que ya ha contado y, en suma, a repetir algo que en su momento le pareció bueno.  Se debe a la falta de ideas, a la seguridad que proporciona – de nuevo – la rutina, al miedo a la hoja en blanco, o a una estrategia de distracción. Da igual, yo también me voy a repetir, a repetir he dicho.

Durante el verano he estado publicando casi a diario en mi página de Facebook un comentario etiquetado como #summertrending (este concepto es como Bielsa: no tiene fácil traducción literal, pero ya se entiende). Ahora los recojo aquí todos junto con una inevitable reflexión final. No espero que los leáis íntegramente, pero me apetece ponerlos todos seguidos para ver qué tipo de conjunto forman. Ahí van:

Summertrendings publicados

– Ir de vacaciones a una playa del Mediterráneo y pasarse el día huyendo del calor. #summertrending

– “Pues, oyes, se agradece esta brisita…” #summertrending

– “Te digo que son operadas”, “para mí que son naturales”, “operadas!”, “naturales!!”, “operadas!!!” y así hasta el infinito… #summertrending

– Este año, de fijo, los bikinis negros estaban de oferta en el Carrefour. #summertrending

– Rubia de coleta baja y gafas de aviador, sombrero, camisola blanca, andar lánguido y cuerpo tallado a base de sushi y 0,0%. El ying. Pelo frito, bañador de imposibles estampados, uñas rosas y evidente abuso del burriquín durante el invierno. El yang. Todas bajos el mismo sol; todas hechas en serie. #summertrending.

– Gorras de sol y playa. ¿Por qué algunos parecen salidos del playground de la University de Indiana y otros recordamos a Forrest Gump repartiendo telepizzas?#summertrending #misteriosestelares

– Perfecto. En la playa las maletas también se hacen solas. Au revoire a los días de factor 50 y helados de yogur! #summertrending

– Buffet de desayuno. A los que venimos de familia numerosa se nos reconoce porque nos bebemos el primer vaso de zumo delante de la jarra, antes de llevarnos el segundo a la mesa. Aunque tenga pulpa. #summertrending

Uno más y me voy

Uno más y me voy

– Largos viajes en coche jugando a palabras encadenadas: “tomate – tecla – clásico…” #summertrending

– “En-la-roton-da-gire-ala-derecha-luego-per-manezca-ala-derecha”  #summertrending. Replanificando…

– Con riñonera (!?) en los ochenta, mochila en los noventa y bandolera y niños en el siglo XXI… Qué será viajar sin peso añadido?? #summertrending

– Y ese orgullo fatalista de llevar el escudo del Athletic allá dónde esté de vacaciones… #summertrending #aupaathletic

– Cuando algunos se compran camisas para el verano tienen la cabeza, claramente, en otro lado. #summertrending

– A los días de verano les suele faltar siempre media hora… y eso sucede varias veces a lo largo de la jornada #summertrending

– “Venga, mañana madrugamos un poco y aprovechamos el día” #summertrending

– Cuando veo a hordas de turistas fotografiar pequeños detalles con gigantescas cámaras de fotos me pregunto si en estos casos los enormes objetivos … se corresponden a grandes propósitos. #summertrending
Ideal para fotografiar edelweiss

Ideal para fotografiar edelweiss

– En vacaciones hablar (mucho) de (estas y otras) vacaciones es muy #summertrending
– Esos paisajes que ves a veces en vacaciones y ensanchan el alma y cuando los reduces a una foto digital lo que hacen es crear una postal que encoge el estómago… #summertrending

– Antes las vacaciones cabían en tres rollos de 24 fotos y dos postales. Si ahora el verano dura lo mismo que antes y necesitamos … 1.500 fotos y 120 whataspps al día para contarlas… será que nos explicamos peor cada vez?? #summertrending

– Me gusta esa afinidad entre las vacaciones y el espíritu olímpico: los viajes, más lejos; los precios más altos; los días más rápidos!  #summertrending #coubertain

– Volvemos a casa después de un día fuera. Los coches encienden las luces, y en el mío todas van cayendo dormidas, una a una. La cabeza vuela por su cuenta y me viene una duda inquietante: ¿será esto “el show de truman”?  #summertrending

– Ese terror a que a la vuelta de vacaciones te pregunten por algo que “deberías” haber visto y que se te haya pasado… #summertrending

– “está bien, pero un poco caro para lo que es…” #summertrending

– Un verano sin sorpresas es como un verano sin planificación #summertrending

– Mientras conducía pensaba en algún summertrending para hoy, y me he acordado de que hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, pero también en agosto, pasar de la sangría sin alcohol (inmunda mezcla de refrescos del súper) a la sangría de verdad era todo un reto iniciático. Durante algunos años, la (horrible) resaca de la sangría playera junto con la (imposible) digestión de las sardinas asadas al espeto en la playa eran una cruz que duraba toooodo el día. Así qué, hoy, una sangría virtual a la salud de mis primos, por los viejos tiempos y los restos de sardinas en la playa. #summertrending 

– 28 de agosto, típico día en que empiezas a darte cuenta de los libros que no has leído este verano, las películas que no has visto, los mensajes que no has enviado y todas esas cosas así en las que a veces pensamos cuando nos entra a destiempo la típica responsabilidad con ribetes de culpa. #summertrending

– El tema ese de las chicas que llevan botas en verano… A ver, ¿son cómo las de invierno?, ¿tienen algún mecanismo de ventilación?, ¿se trata de alguna apuesta a nivel global?, ¿si llevas botas en verano luego tienes que llevar chanclas en invierno? No entiendo nada… pero es #summertrending

– Empieza a haber que forrar libros, organizar horarios, … he visto incluso camisas de manga larga al fondo de un armario… Que no os engañen, compañeros y compañeras, esto se acaba. #summertrending #arribaloscorazones

– 31 de agosto. Hasta aquí llegó la marea. Esto se ha acabado.#summertrending y fin.

Alegoría facilona del final del verano

Alegoría facilona del final del verano

Conclusiones

Personalmente, después de una lectura completa obtengo varias conclusiones:

a) La primera es que la espontaneidad tiende a decaer en relación directa al paso de los días.

b) La segunda es que la playa, como Museo Animado de la Evolución Humana que supone, es más rica para la reflexión que cualquier otra situación propia del verano.

c) La tercera es que si creas una #etiqueta a partir de una idea, a partir de un momento dado, es la #etiqueta la que empieza a crear las ideas, pero no sé por qué.

Epílogo

Pero había otra cuestión de la que quería hablar. No hace falta decir que cada frase sale de una observación no especialmente intensa de las cosas que se dicen, se ven y se hacen en verano. La cuestión es: ¿cómo clasificar los #summertrending?

Puede parecer que forman parte de la comedia del verano, ese tiempo relajado en el que no queremos saber de tragedias, en el que lo que queremos es reírnos, ser ligeros, intrascendentes. Pero leídos en su contexto creo que su encaje correcto es en el drama vital. Parece ser que fue Aristóteles el primero en escribir una obra crítica sobre literatura y teatro, la “Poética” a partir de la cual se empiezan a diferenciar estos géneros (drama, comedia, tragedia) Esquilo, en el s. VI a.C  es quien empieza a representar historias de héroes, y no sólo de dioses, que era lo que se hacía hasta entonces.

Estos héroes sufren, y a través del sufrimiento alcanzan el conocimiento, siempre con la fe puesta en la justicia final de los dioses. Sufren directa o indirectamente por culpa de sus propias acciones o por culpas heredadas de otros, y su lucha busca restablecer equilibrios perdidos.

Y lo que yo creo es que todos esos tópicos que yo he ido recogiendo día a día son también parte de una tarea heroica: la de sobrevivir a los ciclos, a las estaciones que se repiten, a los ritmos que no marcamos nosotros; sobrevivir a la rutina, a la repetición, a la obligación de diversión (¿cuántas veces hemos dicho y nos han dicho este verano: “disfruta”?), a la dificultad de ser diferentes.

Por eso, tras la sonrisa que los #summertrending han pretendido arrancar día a día, yo veo un cierto paisaje de nubes en el cielo, nubes, por cierto, sin las cuales tal vez no apreciáramos en su medida los días por completo despejados.

Ez nekeak!

Nota. Esta vez, el título se lo debo a Enric González. Gracias.