Miradas cruzadas

Necesito andar y vuelvo a casa dando un gran rodeo. Al pasar por la playa de Las Arenas veo al fondo un crucero atracado en el muelle.

Levad las anclas (c) JR

Levad las anclas (c) JR

Aún no nos hemos acostumbrado a tenerlos por aquí, y nos siguen llamando la atención. Continúo el paseo con la mente enmarañada en los jirones de mi día, pero al rato me vuelvo a comprobar si el barco sigue allí todavía, y como ahora lo veo a través de los mástiles de las embarcaciones de recreo, no estoy seguro de si es él lo que se mueve o es mi propio caminar el que produce su deslizamiento en el espacio.

Otras veces, al hacer este mismo paseo entretengo mi vista en los bloques de piedra de la escollera, y sobre ellas veo corretear nerviosos animalitos: normalmente son pájaros, pero en ocasiones lo que mis ojos ven son pequeñas ratas por un instante. Sigue leyendo

Labores

Yo creo que no es verdad que empezar algo sea tenerlo medio terminado. En casa de mi madre hay un pequeño tapiz de punto de cruz con ese proverbio: “begun is half done“; ese cuadro data de la época en la que a mi madre le dio por dedicarse a esa tarea, a resultas de la cual produjo tal cantidad de labores de este tipo como para haber consagrado en el Vaticano una segunda Capilla Sixtina a la exposición de frutas del bosque, nombres de familiares, flores de diferentes latitudes y hasta de relojes que no marcan la hora para evitar el riesgo de enloquecer.

Mi inconstancia, por el contrario, hace que iniciar algo no sea en modo alguno garantía de finalización. Me siento atraído por la serena armonía de las tradiciones, de los ritos que se reproducen en ciclos de mayor o menor recorrido. La repetición me aporta tranquilidad: pienso en la gente que veranea todos los años en el mismo sitio (con las mismas hormigas de siempre, con el mismo traje de baño) en quienes todos los viernes cenan pizza, en los que copulan por defecto cada viernes del año o en los grupos de amigas que todos los jueves del año toman café son sacarina en la misma mesa de la misma cafetería; y todas esas tradiciones, ese ritmo al que se consumen las vidas, me remite a universos de paz. Sigue leyendo

Maridajes (escena nº 4 y final)

 

Otro punto de vista www.botellascerveza.com

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Escena 4. Taberna nueva con pinta de llevar toda la vida. Cerveza (de bodega), hay gildas a la vista (ese pintxo de aceituna, guindilla verde y anchoa en aceite) Domina la escena un olor que no se ve y que presenta notas con tendencia a la acidez y algún tono ligeramente rancio.

Es la segunda vez que estamos aquí, pero es obvio que este sitio tiene algo de túnel del tiempo, de poso, de solera, de brasa y de ceniza de otra época. La semifinal ha terminado y mientras pedimos en la barra un señor que resultará más tarde llamarse Carmelo (pongamos que ese es su nombre) se pregunta en voz alta que con quién irá ahora la prensa de Madrid. En voz alta también, yo respondo que con nosotros seguro que no.

Carmelo tiene edad de estar jubilado, un jersey verde tan ancho como su generosa anatomía, pelo canoso y abundante y bigote denso y más bien descuidado. Se inicia una de esas conversaciones de bar en la que cualquiera puede entrar, porque se habla girando la cabeza pero no el cuerpo. Deriva el tema hacia el fútbol, los fichajes y el Athletic, y deduzco que Carmelo debe ser buen aficionado, porque habla de un chaval de Lezama que reculó en el Rayo después de pasar por el Poli Ejido. Su amigo (más alto y más simpático, mejor peinado, camisa roja y chamarra que parece de cuero pero de cerca no lo es) le advierte con una sonrisa que va a llegar tarde a cenar. Carmelo dice que él se iría a Bilbao a seguir tomando potes y su amigo le dice que los sitios que él conocía estarán todos cerrados.

Carmelo no se arredra y dice (y yo tomo nota) que “si está cerrado, se llama” y entonces su amigo le dice que sí, que como cuando iba a la Palanca y acababa en pisos de inmigrantes. Carmelo pone cara de fastidio y dice que no fue así. Sigue vaciando su enorme copa de vino con mano que tiembla y dice que ya lo cuenta él. Sigue leyendo

Maridajes (escenas nº 1, 2 y 3)

 

Cereales. www.botellascerveza.com

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Prefacio

De camino al bar en el que he quedado veo cruzar la carretera a uno de mis antiguos compañeros de colegio. Está más delgado que yo, su mujer es más rubia que la mía y abre con el mando a distancia un coche notoriamente mejor que el mío. Yo sacaba notas mucho mejores que él, algo he debido perderme por el camino.

 

Escena 1. Taberna con letreros en euskera. Cerveza y pequeña hamburguesita. Dos chicas salen cuando entramos nosotros y una de ellas deja un rastro leve que creo que es de DKNY.

Quedo en este lugar con mi amigo I., a quien no he visto desde que terminaron los días de descanso de semana santa. Es un buen lugar para empezar, detrás de la ventana se ven la playa y el mar. A veces hay pequeños conciertos en este garito, que también tiene terraza.

El argumento serán las vacaciones. Yo tengo poco que contar, así que escucho con interés su relato de Nueva York, fundamentalmente de Manhattan. Todo ha salido bien: el apartamento, el metro, los Museos, Central Park. Ahora me doy cuenta de que olvidé preguntarle por el club de Jazz y por Diane.

Tomo nota mentalmente porque antes o después iré a Nueva York, bueno, fundamentalmente a Manhattan aunque, como él, también cruzaré el puente de Brooklyn y quizá coma o cene en la pizzería que se encuentra al otro lado. Me confirma que el espíritu de Nueva York es la propia ciudad que, a su vez, es el mundo entero. Intuyo que debe ser algo así como Bilbao con Apple pero sin Athletic.

 

Escena 2. Taberna con alma de ferrería, pero de diseño. Cerveza y pintxo clásico de huevo duro desestructurado. A nuestro lado se desprende de un cuello que emerge de una camiseta blanca bien colmada pero de diseño, una fragancia de inspiración claramente japonesa. 

Al entrar busco con la mirada a la camarera a la que una vez pedimos dos cañas y una fanta (de naranja) a las doce de la noche porque necesariamente tiene que acordarse. Rehuye el contacto visual conmigo, lo que confirma mi teoría.

El argumento gira en torno nuevas tecnologías (a nivel de usuario, como los conocimientos de informática que yo blandía en los currículos que presentaba hace tiempo) Mi amigo I. me lleva 1.000 megabytes de ventaja, lo cual es una oportunidad para aprender cosas nuevas. Me satisface comprobar que nuestra infraestructura ideológica al respecto es similar: valoramos y despreciamos cuestiones similares.

 

Escena 3. Bar minimalista de líneas puras, en blanco y negro. Cerveza y pintxo indescifrable. Combinación de olores neutros con otros de difícil identificación. Una chica alta lleva chaqueta vaquera, falda entre corta y larga y botines de los que sobresalen inexplicable e intencionadamente unos centímetros de algo que pueden ser unas medias bajas. El conjunto, aunque mal relatado por mi parte, es muy atractivo. Sigue leyendo