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Haikus del confinamiento. Dosis de recuerdo.

Hace ya un mundo, en junio, publiqué una primera recopilación de los Haikus del Confinamiento; se trataba de seleccionar algunos de los que había ido escribiendo a diario durante aquel tiempo cercano en el que apenas podíamos salir de casa. Esa entrega (¿a quién?, ¿a qué?) estaba dedicada a los que yo había agrupado bajo el epígrafe de “ventanas a la calle”.

Ahora, cuando parece que, como el reflujo de una mala digestión, vivimos otra vez bajo la amenaza de las cifras que no terminamos de entender, siento una pequeña urgencia de seguir con otros capítulos. No sea que a la tarea hecha se sume el trabajo por hacer.

Aquí van, por tanto, algunos de los que hablaban de pájaros, playas y campos. Nada como estar encerrado para percibir de otra manera los seres y lugares gastados por mi mirada cotidiana.

 

2- Pájaros en vuelo libre

(que habla sobre la observación de estas extrañas criaturas con alas)

 

#3

Oscuro nido

vigilia de sus crías.

Pliego mis alas.

23 de marzo

 

#12

La escoba

lleva plumas de gorrión

a la basura.

1 de abril

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Haikus del confinamiento. 1a dosis.

Habla Muñoz Molina en algún libro que leí del concepto de “quick fix of poetry“. Algo así como un chute o un subidón rápido proporcionado por la poesía. A primera vista, y eso es lo atractivo, parece extraño combinar ambos términos atribuyendo a algo tan denostado como la poesía la virtud de causar una agitación inmediata. Vendría a ser como si habláramos de la lucidez de una borrachera o de la tranquilidad de una pérdida. 

(vaya, ahora que lo pienso, o he cogido muy malos ejemplos o tengo que pensar que cualquier entidad es susceptible de combinarse con infinitas circunstancias sin que sea justo considerar que la pareja formada por ambos conceptos sea deudora de incoherencia. en fin, probablemente nada perjudica más la comunicación que la existencia de palabras, habladas o escritas)

La cuestión, la mía al menos, es que durante estos dos últimos meses he venido empezando los días con una pequeña poesía en formato similar al de los haikus japoneses. Se trata de encadenar tres líneas con cinco, siete y cinco sílabas tratando de reflejar una pequeña iluminación derivada de la observación de lo que sucede. Así ha ido saliendo cada día el sol en mi casa, cualquiera que sea el significado de esa palabra.

A estos amaneceres se han sumado diferentes personas a través de las redes, con asombro y un asomo de inquietud por mi parte. Hemos formado una pequeña comunidad bienintencionada y cordial en estas largas semanas (“cordial” es, seguramente una de esas palabras cuya belleza supera la percepción que de ella se tiene)

Ahora que la costumbre ha terminado, tal vez por demasiado asentada, quiero compartir lo escrito en sucesivas dosis, como forma de guardar de ellos una pequeña memoria de este tiempo de amenaza y pandemia.

Están agrupados en diferentes temas que no requieren demasiada explicación, entre otras cosas porque cualquier acontecimiento demasiado descrito pierde su arte para convertirse en pura técnica.

Esta es la primera serie (según los prospectos que he traducido del japonés clásico, no deben leerse más de dos o tres seguidos)

1- Ventanas a la calle 

(que trata de lo que sucede y se ve a través de las ventanas)

 

#1

El día por delante,

entra luz por mi ventana:

hojas amarillas.

21 de marzo

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blanco viento fugitivo

de nuevo el blanco, lejos de la inocencia. color de valientes dije una vez, hace mucho (Manteles blancos), tanto que el tono de aquella candidez es ya probablemente de hueso, vuelto en crema o en beige francés y diluido.

blanco en el papel que necesita el negro de la tinta para decir algo (decimos “decir” como si la palabra escrita algo dijera). escribir es elegir. elegir en primer lugar romper un silencio. y elegir cómo hacerlo; desafiar y apostar que hay algo que vale la pena contar.

a diario escribimos (algunos también en diario) mensajes, notas, correos. hay quien vuelca su miedo transformado en odio y en desprecio, quien expresa así su cariño mejor que si hablara, quien escribe sin filtro, sin comas, sin sentido, quien busca el brillo o quien vende humo de color blanco gris. y quien miente. porque escribir es mentir, y todos lo hacemos. 

elegimos contar algo y dejamos todo lo demás, la inmensa mayoría, sin contar. y no podemos hacer que las palabras cuenten la verdad de lo vivido o de lo pensado, o de lo deseado. ponemos a veces lo que se espera, lo que nosotros esperamos para reconocernos. escribir es callar muchas cosas. hacemos a menudo un dibujo en negativo, un cuaderno de vacío en el que hay que pasar los dedos por el borde de las palabras para percibir el hueco de lo callado. Sigue leyendo

de improviso

de pronto

en cada cruce un peligro

(de miradas, de caminos)

cada hombre un asesino

cada mano una bacteria

cada beso una trinchera

y cada abrazo una manera

de despedirse

    …

hasta pronto

dijo

    …

ocaso de sol en la tarde

a lo largo de la ría

mientras voy hacia mi casa

hacia cualquier cosa que sea casa

acaso

demasiado despacio

pero esta vez

    …

la prisa

se queda en pausa

 

21 de marzo, 2020