Llama Lola

El trabajo era aburrido; el sueldo, espléndido; el edificio, una ruina. A veces hacía sol.

Algunos días yo volvía a casa satisfecho, con ese contento íntimo que me daba pensar que era un infiltrado silencioso en escenas originalísimas que un día habría de escribir, tal vez novelar.

Las máquinas de escribir, las llamadas, el pasar de hojas y el posar de sellos engomados creaban un ritmo hipnótico, extático: un mantra que nos llevaba a los pocos empleados en estado de trance por las orillas del río, por decir algo, Ganges.

Archivística básica

Archivística básica (www.todocoleccion.net)

En medio de aquel hastío, sin embargo, a veces llamaba Lola, a veces salía el sol.

Lola llamaba al único número del que disponíamos. La secretaria, al reconocerla, subía dos octavas su voz de flautín. Saludaba con medido afecto, tapaba con la mano el auricular y entonces gritaba a la directora: “llama Lola”. El grito traspasaba la mampara baja con perfil de aluminio.

Esas palabras alteraban el ritmo del día. La directora se aclaraba la voz, abandonaba otra vez la tarea y tras dejar sonar dos tonos atendía la llamada con satisfacción desenfadada. Los demás atiesábamos las orejas y estirábamos las vértebras, había llamado Lola.

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Astrofísica en la orilla

Mirando desde la terraza el juego de las olas con las rocas me viene a la cabeza que hace millones de años”el universo era una crema espesa partículas elementales: electrones, cuarks, neutrinos y un panoplia de otros elementos llamados gravitones, gluones, etc. Se los llama “elementales” porque no se pueden descomponer en elementos más pequeños, o por lo menos así se cree” (1)

Por haber leído cosas así, siento que entre ese peñón, la arena, las nubes y yo hay una historia común, un origen compartido que con la evolución se ha diversificado en creaciones útiles (como las playas en Bizkaia) o en excrecencias sospechosas (como la gente presuntuosa)

Parece ser que luego las partículas se fueron asociando, los cuarks dieron lugar a nucleones y posteriormente la fuerza nuclear asoció protones y neutrones que alumbraron el primer núcleo atómico, el del helio. Más tarde la fuerza electromagnética, ya con el universo por debajo de los tres mil grados, provocó los primeros átomos de hidrógeno y de helio. Después los fotones, luego …

De alguna manera ese juego de choques, atracción, formación de núcleos y liberación de energía, de contracción y expansión del espacio es lo que reproduce la mujer teñida de rubio (que lleva una breve camiseta lencera) en compañía de su hijo. Ella con un café y un ebook, él con sus rizos rubios (hasta ahora ignoraba que el tinte de pelo pudiera transmitirse genéticamente, pero todo es química al fin y al cabo) y su móvil de cinco pulgadas. Leen, se miran, no se miran, se acercan y no. Sigue leyendo

Oro, plata y Navidad

“…A sus agujeros, nidos y madrigueras se dirigían todos los animales del Bosque de Haule.
Era medianoche, y en las copas de los viejísimos y gigantescos árboles rugía un viento tempestuoso. Los troncos, gruesos como torres, rechinaban y gemían” 
(La historia interminable. Michael Ende)

Algo así es lo que viene sucediendo Navidad tras Navidad, incluso en los años extraños, en los que, como éste, ha habido gente en manga corta en el paseo de la playa por la mañana.

Deja el sol su lugar a las horas finales del día y es preciso, entonces, que cada cual esté en su sitio.

No importa el tiempo que hayas tenido, a la hora en punto, puntual, empieza el desfile. Los coches, algo más solemnes este día, estacionan dondequiera. Y en formación de familia, se empieza a poblar la calle: gente al paso con joyas de oro y ropa de fiesta y bandejas de comida hecha en casa en la mano (en la mano fuentes y bandejas cubiertas de papel de aluminio, tal vez de plata esta noche. Esta noche hay que lucirse) Sigue leyendo

Pêche non surveillé (pescados sin vigilancia)

Maquereau debe ser verdel, cuando menos su aspecto es muy parecido; turbot es rodaballo, eso seguro, me quedé con ese nombre hace tiempo; morue es bacalao aunque se me olvida de vez en cuando, y no será porque no me guste; y luego hay otros que son más fáciles de retener: crevettes, moules, huîtres, …

Tiene mucho de empeño absurdo tratar de memorizar los nombres franceses de los pescados, sin embargo, su cuidada presencia en los puestos del mercado de Biarritz ejerce sobre mí un atractivo que no voy a negar. Tal vez sea el orden con el que están correctamente clasificados por especies, sin tocarse unas con otras: algunas en cajones de plástico, otras sobre el hielo picado que cubre el mostrador. Así, queriendo aprender sus denominaciones, puedo pasar más tiempo viendo este paisaje marinero forzosamente exiliado tierra adentro.

Convivencia

          Convivencia (c) JR

Y siendo absurda esa afición, lo es más la de quedarse encerrado en el mercado a partir de su cierre al mediodía. A la una en punto los vendedores comienzan a retirar con cuidado la mercancía, a quitar el hielo de los mostradores (primero lo deshacen un poco más dándole golpes secos con el perfil de las cajas del mismo pescado) y ya dejan de prestar atención a los clientes de última hora.

En esos momentos resulta sencillo quedarse acurrucado en cualquier esquina y esperar con paciencia a que caiga el sol. Entonces, y si uno no hace mucho ruido (también los pescados franceses odian las perturbaciones sonoras) es posible introducirse en las cámaras frigoríficas y observar la vida secreta de estas criaturas. Sigue leyendo

La creación de la familia

Era pronto aún, probablemente más cerca del Neolítico que del Paleolítico (aunque, en realidad, sobre eso no hay suficiente consenso; son sólo teorías)

Credit: Ann Ronan Picture Library / Heritage Images

Credit: Ann Ronan Picture Library / Heritage Images

El padre tomó la palabra y dijo: “Yo hablo el primero, porque seré el padre. Tendré mucho trabajo, al menos esa será la razón que me permita no hacer otras cosas. Decidiré la hora de comer y elegiré las noticias que se comentan en la mesa. Tendré siempre razón. Decidiré cuándo la puntualidad es importante y motivo de enfado y cuando, por el contrario, no pasa nada por un rato más. Mi opinión no será discutida. Lo que yo sepa será importante, y lo que yo ignore será cosa de jóvenes. Por supuesto, ninguno de vosotros, mis hijos, sabrá de vinos más que yo. Engordaré cuanto me venga en gana. Y lo que suceda de mi cintura para abajo no os incumbirá excepto si es por motivos estrictamente médicos. Tendré derecho a mirar con suficiencia.

Algo más tarde, cuando alguna civilización aún muy rudimentaria empezaba a desperezarse en un punto perdido de Asia (quienes sitúan estos primeros asentamientos en África son repudiados por pedantes) llegó el momento de la madre.

Y ella, tras haber respetado el turno del padre, dijo: “Yo será la madre. Daré de mí lo mejor para todos y apenas guardaré algo para mí. Seré yo quien cocine, y harás de mis croquetas tu bandera. Pediré poco, pero cuando así sea, podréis ignorarlo para acrecentar mi sacrificio. Haré que la casa esté limpia sin que se note el esfuerzo, estaré atenta a todo lo que suceda, y el futuro, vuestro futuro, lo tendré presente. El tiempo irá dejando huellas en mi piel y las fotos del día de mi boda me recodarán en la vejez que un día fui radiante. Dejaré los mejores bocados de comida para los demás, al fin y al cabo, yo seré quien recoja la mesa y podré entonces llenar mi estómago, ya que, en realidad, la ensalada que como no es suficiente alimento. Tendré mis pequeños secretos, pero no serán cosa vuestra.” Sigue leyendo

En el aire

Somos gente de principios, sin duda; a una edad ya sabemos lo que queremos y lo que nos gusta (cuestión distinta es que nos atrevamos a tomarlo, pero eso es harina para otra galleta) y, sin embargo, el contexto nos puede.

No hablo esta vez de grandes posicionamientos ideológicos, ni de asuntos tan graves como la defensa de la uva tempranillo frente a la garnacha; hablo de cosas más simples. La cuestión es que nuestro vestuario cambia en verano, y cambia, a veces como si no fuera a haber un mañana. Habría mucho que hablar sobre todo esto, sobre diseños, cantidades y calidades, sobre las transparencias y los bikinis, sobre pulseras y tatuajes, pero dejando de lado cuestiones inabarcables como lo son, por ejemplo, las camisetas de tirantes (masculinas preferentemente) me centro hoy en cuestiones que están mucho más cercanas al nivel de la tierra que pisamos. En concreto, a esa costumbre de llevar los dedos de los pies al aire durante el verano (costumbre que algunos, desde luego, negarán con firmeza durante el duro invierno)

……..

El caso es que él no es en absoluto partidario de salir así, enseñando los dedos de los pies, a la calle. Pero como las maletas del matrimonio las hace su mujer y ella ha decidido que ya está bien de ir con náuticos y que así estará algo menos serio durante las vacaciones, no lo queda más remedio que salir con esas sandalias abiertas. Es viernes, llegaron hace pocos días a la playa; de hecho él aún no ha sido capaz de quitar el rictus serio, la cara de tener dolor de estómago que le acompaña durante el año laboral. Sigue leyendo

Se vende o alquila

Todos los vecinos pudimos ver el anuncio de venta de la casa en internet. Los del Bajo C habían tenido su primer niño y, como tantos otros, siguieron el protocolo establecido para estos casos: compraron una monovolumen de siete plazas, ella se cortó el pelo y él, supongo, empezó a aumentar la intensidad de los cafés con las chicas de Contabilidad. Obviamente, también decidieron mudarse a una casa más grande.

No eran buenos tiempos para la inmobiliaria, y desde la inmunidad que ofrece internet, rastreamos diversas agencias “on-line” hasta que dimos con la que tenía su anuncio de venta; no hubo discusión en el veredicto: el precio de salida nos pareció desorbitado y la tapicería de los sofás del salón resultaba horrible.

Formas impersonales

Formas impersonales

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