Indicios de Masa Corpral en la Autorute des Pyrénées

En ese tramo de la A-64, la Autorute des Pyrénées, muchas de las áreas de servicio tienen nombre compuesto. No sé a qué se debe atribuir ese hecho: no creo que sea necesidad de enfatizar, ni tampoco indecisión. Por lo que yo conozco del carácter francés no se deberá al interés de contentar dos extremos ni tampoco al fin de tener que enfatizar alguno de ellos; suelen ser gente directa, asertiva, clara y a veces un tanto áspera.

En realidad, me da igual ese motivo, no viene al caso.

La cuestión, en cambio, es que mientras un pequeño desorden de partículas de polvo y polen flota y no termina de asentarse en una de esas áreas de servicio, llega una furgoneta de color blanco que estaciona junto a las mesas de pique-nique. Imposible aparcar más cerca.

Se abren las puertas laterales y en perfecta secuencia descienden las tres generaciones de una familia que ha cruzado la frontera en pos de unos días de vacaciones.

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L’aire (c) JR

Sin duda, comparten apellidos, horas de barbacoa y juicios de valor. Una suerte de uniforme orgánico crea un efecto de armonía: todos ellos superan en un 20 ó 25% el Índice de Masa Corporal recomendado, por lo que en un reconocimiento de salud laboral el médico de la Mutua les propondría con desgana alguna medida de reforma. Sigue leyendo

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Por eso, Giacomo

-Pero, aita, este año yo quiero ir a jaias de Mundaka, ¡van a ir todos!

-He dicho que no, e no voy a repetirlo. Escucha, nosotros no somos come tutti, te lo he dicho muchas veces. Si hemos llegado a ser algo es porque trajimos aquí cosas diversi ¡E no me pongas cara de que ya los sabes!. Mira, te recuerdo otra vez antes de que llegara la famiglia a este pueblo las anchoas eran solo cebo de pesca. ¡Las anchoas, mamma mia! E nosotros trajimos la técnica de los salatori; no la técnica no: ¡el arte de los salatori di Porticello!. Antes de eso, lo único que tutti sabían era conservare las anchoas con piel y con espinas, ¡sólo le quitaban la testa!

Y luego nosotros fuimos los que les enseñamos cómo hacer los filetti. Al principio, los cubríamos de mantecca para conservarlos en la lata, e les poníamos alcaparras para atenuar el sapore. Pero era tan cara la mantecca que empezamos a usar il olio. Si fuéramos como tutti no hubiéramos quitado la piel y las espinas a las anchoas, ni habríamos pasado de los toneles a las conservas di hojalata… ¡este pueblo no sería el mismo!

Entonces, mientras Giacomo se aburre con la enésima repetición de la historia, su padre piensa en los veranos en que está de nuevo en Porticello, y en todas las veces que él realiza con placer el delicado proceso de desprender a su primer amor de verano de su ropa y sus prejuicios. Cómo tras los primeros forcejeos incruentos ella siempre acaba cediendo y queda lista para él, sedosa y deliciosa, como un bocado que tiene el sabor de la comida olvidada de la infancia. Sigue leyendo

Pêche non surveillé (pescados sin vigilancia)

Maquereau debe ser verdel, cuando menos su aspecto es muy parecido; turbot es rodaballo, eso seguro, me quedé con ese nombre hace tiempo; morue es bacalao aunque se me olvida de vez en cuando, y no será porque no me guste; y luego hay otros que son más fáciles de retener: crevettes, moules, huîtres, …

Tiene mucho de empeño absurdo tratar de memorizar los nombres franceses de los pescados, sin embargo, su cuidada presencia en los puestos del mercado de Biarritz ejerce sobre mí un atractivo que no voy a negar. Tal vez sea el orden con el que están correctamente clasificados por especies, sin tocarse unas con otras: algunas en cajones de plástico, otras sobre el hielo picado que cubre el mostrador. Así, queriendo aprender sus denominaciones, puedo pasar más tiempo viendo este paisaje marinero forzosamente exiliado tierra adentro.

Convivencia

          Convivencia (c) JR

Y siendo absurda esa afición, lo es más la de quedarse encerrado en el mercado a partir de su cierre al mediodía. A la una en punto los vendedores comienzan a retirar con cuidado la mercancía, a quitar el hielo de los mostradores (primero lo deshacen un poco más dándole golpes secos con el perfil de las cajas del mismo pescado) y ya dejan de prestar atención a los clientes de última hora.

En esos momentos resulta sencillo quedarse acurrucado en cualquier esquina y esperar con paciencia a que caiga el sol. Entonces, y si uno no hace mucho ruido (también los pescados franceses odian las perturbaciones sonoras) es posible introducirse en las cámaras frigoríficas y observar la vida secreta de estas criaturas. Sigue leyendo

Intercambio de parajes

La Caja de Ahorros de R. construyó la Colonia Infantil junto a la playa a finales de la década de los 50. En algún recorte he leído que fue la primera de España de este tipo. Esta obra social fue recompensada con la posibilidad de construir una torre de apartamentos en el extremo occidental en primera instancia y en el oriental algo más tarde. Las torres están prácticamente adosadas a la Colonia y, por ello, se encuentran junto a la misma playa.

Años más tarde, la Caja de Ahorros pasó de ser un pequeño marrajo local a convertirse en sabroso plancton en la cadena alimentaria participada por escuálidos financieros globales pero, sin embargo, la Colonia y las torres permanece en su sitio original; no se debía  cimentar tan mal en aquella época.

Durante muchos años, esos fueron los parajes propios de mis veranos, en los que cambiaba Cantábrico por Mediterráneo.

paraje

Paraje

A lo largo del tiempo allí fue concurriendo mucha gente: familiares, amigos, conocidos, … algunos de los cuales siguen desplazándose a esa playa en verano, muchos de sus hijos también mantienen esa costumbre.

El pequeño pueblo fue creciendo, se urbanizó, se levantó un pequeño puerto deportivo, piscinas, hasta un golf de 18 hoyos, una de cuyas banderas estuvo un tiempo en mi casa. Con el tiempo, de los helados pasamos a la cerveza, incluso a algunos cubatas de garrafón tras haber transitado por las recias sangrías de los espetos. La carretera se convirtió en autovía llena de reclamos de urbanizaciones de nombres pretenciosos y yo mismo pasé de ir en el asiento de trasero del coche a dar relevo a mi padre durante algunas horas cuando cada 31 de julio emprendíamos el camino al Sur.

Este año he vuelto unos pocos días y he recuperado sensaciones perdidas, iniciáticas: la primera veraneante a la que vi en top less (fue sin querer) en el mismo sitio en que este año había otra, tal vez hija de aquélla, la primera resaca horrible, la entrada – por fin – a una discoteca, el aprendizaje del mus (con la grande y la “chica”) y muchas otras más. Al mismo tiempo me hacía mayor, pasaba temporadas tediosas, experimentaba el desconcierto de crecer despacio y de descubrir mi propio nuevo cuerpo. Sigue leyendo