Astrofísica en la orilla

Mirando desde la terraza el juego de las olas con las rocas me viene a la cabeza que hace millones de años”el universo era una crema espesa partículas elementales: electrones, cuarks, neutrinos y un panoplia de otros elementos llamados gravitones, gluones, etc. Se los llama “elementales” porque no se pueden descomponer en elementos más pequeños, o por lo menos así se cree” (1)

Por haber leído cosas así, siento que entre ese peñón, la arena, las nubes y yo hay una historia común, un origen compartido que con la evolución se ha diversificado en creaciones útiles (como las playas en Bizkaia) o en excrecencias sospechosas (como la gente presuntuosa)

Parece ser que luego las partículas se fueron asociando, los cuarks dieron lugar a nucleones y posteriormente la fuerza nuclear asoció protones y neutrones que alumbraron el primer núcleo atómico, el del helio. Más tarde la fuerza electromagnética, ya con el universo por debajo de los tres mil grados, provocó los primeros átomos de hidrógeno y de helio. Después los fotones, luego …

De alguna manera ese juego de choques, atracción, formación de núcleos y liberación de energía, de contracción y expansión del espacio es lo que reproduce la mujer teñida de rubio (que lleva una breve camiseta lencera) en compañía de su hijo. Ella con un café y un ebook, él con sus rizos rubios (hasta ahora ignoraba que el tinte de pelo pudiera transmitirse genéticamente, pero todo es química al fin y al cabo) y su móvil de cinco pulgadas. Leen, se miran, no se miran, se acercan y no. Sigue leyendo

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Pequeño “in memoriam”

Cuando nos volvimos a encontrar me dijiste que íbamos a hacer grandes cosas, y quedamos emplazados para una comida cuando se cumpliera un año de tu previsión. Te dije que si realmente lo conseguíamos pagarías tú. Pero ya no vas a acudir a la cita, no puedes.

No han sido tantos meses desde entonces, demasiados pocos hasta esta separación dura e inesperada. Se han quedado cortos los cafés compartidos y en las listas de proyectos que manejábamos en ese inicio aún quedan muchas líneas sin el característico “√” con el que indicabas la consecución del objetivo.

Este sitio desde el que te escribo, que yo concibo como privado pero que no deja de ser un ventanuco abierto a cualquier curioso o indiscreto, es el que elijo para este pequeño, mínimo, inapreciable homenaje. Sigue leyendo

Yo, japonés

Hoy he querido ser japonés, o simplemente oriental. Me he cruzado en la calle con uno de ellos acompañado de su hija y he sentido la envidia en el centro del estómago. Iban hablando y yo no he podido entender nada y me ha venido ese deseo.

Mi facilidad para los idiomas se manifiesta de manera mucho más clara en la capacidad de imitar el acento propio de cada uno que en la aptitud de interiorizar su gramática. Así, como suele suceder, lo que he podido expresar en esas lenguas mal aprendidas nunca ha podido ser muy complejo.

japon descarga

Tal vez por eso me sucede que cuando observo – con prudencia – conversaciones en otro idioma tiendo a pensar que quienes lo hablan no pueden tener grandes preocupaciones; nada que les apremie ni les apriete. Sigue leyendo

Objetos perdidos en los Picos del Infierno

La sucesión de hechos y anhelos que nos lleva, es decir, lo que algunos llaman “la vida”, no siempre ofrece términos medios: si propongo matrimonio, o es un sí o es un no; si presto uno de mis libros preferidos, o me lo devuelven o no me lo devuelven; si, ¡qué sé yo!, abro la boca, o hablo o me callo.

De manera similar, mi pensamiento es que si voy al monte, o llego hasta arriba o no llego. En la costumbre asentada en los últimos años de realizar una subida en Pirineos en el mes de julio, todas las expediciones se habían ido saldando con la llegada a la cima (no diré con su “conquista” porque no se trata de una guerra): el Anie, la Mesa de los Tres Reyes, el Garmo Negro, el Taillon. Mi objetivo de este año eran los Picos del Infierno desde el Balneario de Panticosa.

Diría que al tener un objetivo el campo de visión se centra en él y se impone al resto de los sentidos. Así, poco importa el sabor de boca que tengas (¿te has lavado o no los dientes tras desayunar a las seis de la mañana?, ¡qué más da!), las conversaciones perdidas que oigas, el tacto que tengan los cordones de las botas o el olor de la montaña cuando amanece. Al modo del restaurador de cuadros envejecidos, al recordar o al proyectar solemos limpiar del ruido que nos ha rodeado las imágenes que nuestro cerebro pinta (aunque, por cierto, esos sonidos de fondo son los que a veces nos dan la tranquilidad de no tener que llenar todo encuentro con palabras o caricias)

Elementos (c) JR

Elementos (c) JR

Soy yo el que subo, soy el sujeto del esfuerzo medido que me debiera llevar al objeto de mi andadura.

Así empieza la subida, lenta y destinada a no acabar en la cumbre. Los pronósticos meteorológicos son claros y coinciden en que habrá lluvia antes de poder hacer cima. Seguimos el trazo de la ruta que llevamos en el móvil, sigo el silente rastro de quien antes hizo ese recorrido, seguimos la dirección que nos indican otros que se cruzan en nuestro camino. Sigue leyendo

Intercambio de parajes

La Caja de Ahorros de R. construyó la Colonia Infantil junto a la playa a finales de la década de los 50. En algún recorte he leído que fue la primera de España de este tipo. Esta obra social fue recompensada con la posibilidad de construir una torre de apartamentos en el extremo occidental en primera instancia y en el oriental algo más tarde. Las torres están prácticamente adosadas a la Colonia y, por ello, se encuentran junto a la misma playa.

Años más tarde, la Caja de Ahorros pasó de ser un pequeño marrajo local a convertirse en sabroso plancton en la cadena alimentaria participada por escuálidos financieros globales pero, sin embargo, la Colonia y las torres permanece en su sitio original; no se debía  cimentar tan mal en aquella época.

Durante muchos años, esos fueron los parajes propios de mis veranos, en los que cambiaba Cantábrico por Mediterráneo.

paraje

Paraje

A lo largo del tiempo allí fue concurriendo mucha gente: familiares, amigos, conocidos, … algunos de los cuales siguen desplazándose a esa playa en verano, muchos de sus hijos también mantienen esa costumbre.

El pequeño pueblo fue creciendo, se urbanizó, se levantó un pequeño puerto deportivo, piscinas, hasta un golf de 18 hoyos, una de cuyas banderas estuvo un tiempo en mi casa. Con el tiempo, de los helados pasamos a la cerveza, incluso a algunos cubatas de garrafón tras haber transitado por las recias sangrías de los espetos. La carretera se convirtió en autovía llena de reclamos de urbanizaciones de nombres pretenciosos y yo mismo pasé de ir en el asiento de trasero del coche a dar relevo a mi padre durante algunas horas cuando cada 31 de julio emprendíamos el camino al Sur.

Este año he vuelto unos pocos días y he recuperado sensaciones perdidas, iniciáticas: la primera veraneante a la que vi en top less (fue sin querer) en el mismo sitio en que este año había otra, tal vez hija de aquélla, la primera resaca horrible, la entrada – por fin – a una discoteca, el aprendizaje del mus (con la grande y la “chica”) y muchas otras más. Al mismo tiempo me hacía mayor, pasaba temporadas tediosas, experimentaba el desconcierto de crecer despacio y de descubrir mi propio nuevo cuerpo. Sigue leyendo

Labores

Yo creo que no es verdad que empezar algo sea tenerlo medio terminado. En casa de mi madre hay un pequeño tapiz de punto de cruz con ese proverbio: “begun is half done“; ese cuadro data de la época en la que a mi madre le dio por dedicarse a esa tarea, a resultas de la cual produjo tal cantidad de labores de este tipo como para haber consagrado en el Vaticano una segunda Capilla Sixtina a la exposición de frutas del bosque, nombres de familiares, flores de diferentes latitudes y hasta de relojes que no marcan la hora para evitar el riesgo de enloquecer.

Mi inconstancia, por el contrario, hace que iniciar algo no sea en modo alguno garantía de finalización. Me siento atraído por la serena armonía de las tradiciones, de los ritos que se reproducen en ciclos de mayor o menor recorrido. La repetición me aporta tranquilidad: pienso en la gente que veranea todos los años en el mismo sitio (con las mismas hormigas de siempre, con el mismo traje de baño) en quienes todos los viernes cenan pizza, en los que copulan por defecto cada viernes del año o en los grupos de amigas que todos los jueves del año toman café son sacarina en la misma mesa de la misma cafetería; y todas esas tradiciones, ese ritmo al que se consumen las vidas, me remite a universos de paz. Sigue leyendo