Llama Lola

El trabajo era aburrido; el sueldo, espléndido; el edificio, una ruina. A veces hacía sol.

Algunos días yo volvía a casa satisfecho, con ese contento íntimo que me daba pensar que era un infiltrado silencioso en escenas originalísimas que un día habría de escribir, tal vez novelar.

Las máquinas de escribir, las llamadas, el pasar de hojas y el posar de sellos engomados creaban un ritmo hipnótico, extático: un mantra que nos llevaba a los pocos empleados en estado de trance por las orillas del río, por decir algo, Ganges.

Archivística básica

Archivística básica (www.todocoleccion.net)

En medio de aquel hastío, sin embargo, a veces llamaba Lola, a veces salía el sol.

Lola llamaba al único número del que disponíamos. La secretaria, al reconocerla, subía dos octavas su voz de flautín. Saludaba con medido afecto, tapaba con la mano el auricular y entonces gritaba a la directora: “llama Lola”. El grito traspasaba la mampara baja con perfil de aluminio.

Esas palabras alteraban el ritmo del día. La directora se aclaraba la voz, abandonaba otra vez la tarea y tras dejar sonar dos tonos atendía la llamada con satisfacción desenfadada. Los demás atiesábamos las orejas y estirábamos las vértebras, había llamado Lola.

La directora hablaba para su público, así que no era difícil seguir la conversación: el suelo nuevo de la cocina, los progresos de Ana Marta en los States o la programación de ópera en nuestra pequeña ciudad de provincias. Las noticias nos hacían sentir importantes. A veces a Lola le aquejaban migrañas o se le había estropeado el Mercedes (¡qué lata!) y entonces nos sentíamos un poco fastidiados.

Acababa la conversación y allí seguían las pólizas y los albaranes, el polvo y los estúpidos botes de lapiceros. Seguía la jornada, pero brillaba más el sol. Había llamado Lola.

 

Nota: ficción, ficción y ficción. Ni Lola ni Ana Marta, y tal vez ni siquiera ese yo que volvía satisfecho tienen por qué corresponderse con nadie en particular.

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Un comentario en “Llama Lola

  1. Muy bonita historia, mientras la lees, sonríes y después de hacerlo, no sabes por qué.

    Lola, Ana Marta, Leo, Ismael: Que más da el nombre si te rescata de la rutina y te hace reír o sonreir… Un fugaz momento feliz

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