8.000 metros de invierno

La noticia es reciente: el viernes pasado Simone Moro, el vizcaíno Alex Txikon, el paquistaní Ali Sapdara alcanzaron por primera vez la cima del Nanga Parbat en invierno. Una mujer, la italiana Tamara Lunger se quedó a pocos metros de la cumbre, que es quedarse a años luz de la gloria.

Las reseñas hablan de noches pasadas a 7.200 metros, de la ayuda de los meteorólogos, de fracasos anteriores y de quienes iniciaron estas ascensiones en los años 80, que no fueron otros que los polacos Jerzy Kukuczka y Krzysztof Wielicki (por alguna razón, los nombres de los alpinistas suelen ser de magnífica resonancia)

nanga parbat

(c) Diario El País

Lo que yo pienso es que estos esfuerzos van contra toda lógica y son un afán inútil, peligroso y absurdo. En el mismo grado resultan hermosos y admirables. Más que los músculos del cuerpo son los nervios del espíritu los que deben guiar el esfuerzo humano hasta estas hazañas.

El universo de la montaña tiene, como todos, estrellas y obreros, marketing, conquista  y orgullo. No es eso lo que yo quiero; lo que yo encuentro y hace que mis ojos brillen son las historias de superación, de descubrimiento, de armonía. No por nada retirarse a la montaña es tantas veces una metáfora y un método de paz interior. En ese universo, además, no faltan escritores quien, como Erri de Luca (de nuevo un nombre sonoro) hablan un lenguaje de piedra y escalada que tan confortable es para mis ojos.

Supongo que al igual que ellos, cuando me acerco a mis modestas cumbres busco algo similar. Vaya solo a los montes cercanos, o las expediciones cada vez más numerosas a Pirineos en verano (Kepa, Imanol, Alfonso, Joserra, …)  persigo con pasos lentos un pequeño trozo de gloria, una satisfacción íntima, un logro efímero a costa de sudor, incomodidad y esfuerzo.

Y, sin embargo, en la soledad y en la camaradería de esas horas perdidas rodeado de cumbres y barrancos es en donde tantas veces encuentro paz y encuentro belleza, pues ésta no es otra cosa que la contemplación de aquello que nos hace sentirnos bien.

IMG_4896

Anie, o Auñamendi. (c) JR

 

otras entradas sobre el monte y yo:

https://eznekeak.wordpress.com/2013/07/23/riders-on-the-storm/

https://eznekeak.wordpress.com/2014/07/27/epica-o-estetica/

https://eznekeak.wordpress.com/2015/07/12/pilotos-en-la-tormenta/

https://eznekeak.wordpress.com/2015/10/10/objetos-perdidos-en-los-picos-del-infierno/

 

 

 

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2 comentarios en “8.000 metros de invierno

  1. Traspasar los propios límites físicos y psíquicos, elevarse sobre el mundo, los problemas, las rutinas, trascender, contemplar la belleza, no pensar…ojala buscáramos, yo buscara, más espacios para esto….

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