Pequeño “in memoriam”

Cuando nos volvimos a encontrar me dijiste que íbamos a hacer grandes cosas, y quedamos emplazados para una comida cuando se cumpliera un año de tu previsión. Te dije que si realmente lo conseguíamos pagarías tú. Pero ya no vas a acudir a la cita, no puedes.

No han sido tantos meses desde entonces, demasiados pocos hasta esta separación dura e inesperada. Se han quedado cortos los cafés compartidos y en las listas de proyectos que manejábamos en ese inicio aún quedan muchas líneas sin el característico “√” con el que indicabas la consecución del objetivo.

Este sitio desde el que te escribo, que yo concibo como privado pero que no deja de ser un ventanuco abierto a cualquier curioso o indiscreto, es el que elijo para este pequeño, mínimo, inapreciable homenaje.

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Homenaje sencillo que queda para el trabajo y el afecto de años, para ese recorrido de kilos y kilos de informes y reflexiones, de diálogo, de contraste y de aprendizaje. Un camino que me ha hecho mejor, y me ha visto crecer, sufrir y gozar. Fuimos añadiendo temas a nuestras conversaciones y, así, aún tengo en el ala de mi mesa el último libro que me dejaste, con “la conjura de los necios” de fondo. En momentos llegué a pensar que nada se te podía resistir y que tenías el don de hacer reales las ideas y las opiniones. Al andar y andar y aprender a mirar también pude ver que, como los demás, eras humano y, por lo tanto, mortal. Hoy, con dolor, esa condición se ha hecho presente e inapelable.

Recuerdo perfectamente cuando te mandé el link de este blog por correo, casi con el señuelo de que vieras la foto que había elegido en mi perfil, y en la que, de espaldas, contemplo un paisaje para ti cercano y querido. Otras veces también te he enviado esa misma vista desde el móvil al alcanzar la cima, pues en ella sentía que contemplaba tu territorio.

Y he decidido que muy pronto voy a volver a subir esos 598 metros de monte, y que desde esa altura miraré el mar de tu playa y te traeré de nuevo a mi memoria. Y a sus olas, crecidas con secretas lágrimas, pediré que no dejen nunca jamás de mecer con paz tu alma, compañero.

 

 

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