El hastío del cocinero

Primero quiso entrar en la Escuela Laboral de Magia, pero le rechazaron, tal vez por falta de encanto. Tras superar el mal trago (con ayuda de cuatro o cinco de éstos) decidió remangarse y solicitar plaza en su opción alternativa: un grado superior de Hostelería y Restauración. Como había suficientes vacantes, y pese a ir con los brazos descubiertos, fue admitido.

Ayer le vi consumir un cigarro apoyado contra la verja del patio escolar mientras los niños terminaban de comer. Estaba en parte exterior del recinto, dentro no puede fumar. Fuma antes de cocinar y fuma después. Y desde hace un tiempo, y con plena conciencia, no se lava las manos antes de encender los fuegos.

En su primer trabajo de cocinero se consideraba hermanado con Merlín y el Mago de Oz, y su gorro de trabajo acababa en punta y tenía estrellas amarillas; en sus cazuelas hervían maravillosas pócimas con aromas de colores. Más tarde, se sintió superhéroe, y compartía póster en su imaginación con Superman y la Mujer Maravilla. Desde las proteínas de su cocina mantenía a raya la maldad sin límites de este mundo y luchaba contra cuanto villano se pusiera a su alcance.

Hastío

Procesos de transformación (c) JR

No eran pocos sus conocimientos: sabía cuándo una patata debía estar fría y cuándo caliente, convertía bultos en ensaladas y cereales en primeros platos, lograba que terneras sin cultivar parecieran escalopes a la milanesa con sus chalotitas caramelizadas de guarnición y conseguía sinfonías de sabores a partir de la síntesis de contrarios.

Pero un día se le veló la luz y le dio por pensar en el carácter contingente de sus menús diarios, en la volatilidad de las digestiones y en el secundario papel que los estómagos desagradecidos reservan para la hora de sentarse a la mesa. Desarrolló intolerancia severa al perejil y empezó a sospechar que no todos los langostinos venían de la mar salada.

Tocó fondo al pensar dónde acababa invariablemente la comida que él preparaba.

Un día, al pasar por delante de un cine de arte y ensayo miró el cartel anunciador y se reconoció el quinto a la izquierda en la tercera línea de las tropas de esclavos rebeldes de Espartaco. Y se sintió desnudado.

Ayer, mientras echaba humo, supe que estaba recordando su vocación primera de ilusionista y prestidigitador, y notando su sonrisa de medio lado le vi pensar que no se había alejado tanto de aquella idea: al fin (y al postre) de él puede decirse que se ha quedado en a·mago.

 

(“Invitar a alguien a comer es hacernos responsable de su felicidad mientras está bajo nuestro techo” Brillat-Savarin. 1755 – 1826)

 

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7 pensamientos en “El hastío del cocinero

  1. Anónimo

    En filosofía, el aburrimiento o el hastío aparecen frecuentemente junto a sentimientos como el disgusto, el miedo. En concreto, Kierkegaard tenía la teoría de que el aburrimiento fue lo que pobló al mundo: Dios se aburría y, por eso, creó a Adán; como Dios y Adán se aburrían, vino Eva, etc.
    Filósofos y moralistas han insistido sobre este temple de ánimo, vinculándolo a un sentimiento que tiene como correlato, lo cósmico.
    quizás ese cocinero no ha encontrado las conexiones cósmicas

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  2. Josetxu Autor de la entrada

    Parece que el cocinero se pudo cansar de que la misma invocación sacara siempre el mismo conejo de la chistera (fuera o no a la jardinera), Y así, del asombro de la transformación de lo inanimado en lo comestible y de la fascinación del paso del hambre a la satisfacción paso al aburrimiento de mantener siempre los mismos tiempos de cocción. Pasó del arte a la técnica, del deseo a la necesidad, y, claro, que ya dijo Kierkegaard que “el amor es hermoso, sólo mientras duran el contraste y el deseo; después, todo es debilidad y costumbre” Y ahí puede empezar lo amargo.

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  3. Anónimo

    Digo yo que a lo mejor el conicnero se puede poner su gorro en punta con estrellas amarillas y volver a la ilusion de ser ilusionista y crear magia, incluso aunque no haya público o comensales, que siempre será mejor que un a-mago, por mucho que éste se desnude para ser Espartaco
    ne

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    1. Josetxu Autor de la entrada

      Tal vez haber sido mago o cocinero sea un interesante capitulo del pasado, y entre calada y calada el hastiado cocinero considere la posibilidad de consagrarse al oficio de pastor, al de tahúr, al de … lo que quiera que el azar le depare.

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