Pilotos en la tormenta

“Pilotos en la tormenta” es una traducción libre de “riders on the storm”. Y “riders on the storm” fue el título que libremente elegí hace tiempo para contar en este blog mi primera ascensión a un tresmil en Pirineos (así, sin artículo determinante) Hace pocos días llegaron a mi buzón varios ejemplares de la revista “Pyrenaica”, de la Federación Vasca de Montaña, con un artículo mío basado en aquella entrada. Aquí está:

Pyrenaica

Pyrenaica

Tras llevar dos años publicando solo en internet, reconozco que ver mi escritura en una revista como esta me produce satisfacción y me produce, también, deseos de volver a este blog. Hace ya más de dos años que realicé esa subida y, precisamente ahora, estoy preparando la expedición de este año que, como la del Garmo Negro, parte de los Baños de Panticosa.

Puedo decir que mi afición a la montaña tiene dos fases y siempre tengo la sensación de haber llegado tarde a cada una de ellas. El primer contacto pirenaico lo tuve en campamentos juveniles, cuando ya muchos de los que iban habían subido la mayoría de los montes que nos rodeaban. El placer que encontré, las nuevas unidades de medida, el renovado sentido del esfuerzo y la distancia del asfalto me abrieron los ojos a muchas nuevas perspectivas.

La segunda fase data de hace pocos años y se debe en gran parte a las limitaciones para hacer otros deportes (es éste, el de las limitaciones, uno de los temas que siempre anida en lo que cuento) Volví a las botas de monte con cierta humildad y en ellas he ido ascendiendo cotas cercanas primero y más lejanas después. No aspiro a grandes cimas, y mi satisfacción radica en disponer de una afición que, a su vez, me brinda momentos de belleza y orgullo satisfecho.

Aún así, toda afición tiene algo de adicción y tortura. Alegremente entregué mi deseo al monte con la expectativa de disfrutar, y esa entrega a veces discurre por caminos propios y casi ajenos a mi deseo.

Además de instantes y sensaciones de intensa paz y alegría en el monte también encuentro el aburrimiento y el tedio: la fría pereza de madrugar, la de empezar a andar; la necesidad de superar en excursiones de ocho horas la “crisis de los diez minutos”, la que te hace recordar, al poco de empezar a andar, que podías estar cómodamente en la cama…

Andar

Andar

Están también los momentos de retroceso en la cadena de necesidades: volver a experimentar las punzadas de la sed, el hambre o lo acuciante e incómodo de otras necesidades fisiológicas. Ver cómo como la cabeza busca estímulos en el recuerdo de canciones o de cuerpos cubiertos o descubiertos. Experimentar, finalmente, la inclasificable alegría de haber logrado algo difícil pero inútil, logros perecederos y eternos.

Ni sé ni me importa cuánto durará esta pasión. Solo sé, que como todas ellas, el dolor y el placer van de la mano, mostrando a veces una expresión que me recuerda la cara que sobre mí goza o bajo mí padece: ¡es tan difícil a veces apreciar los tonos graves de la melodía de la intensidad!

Me atrae del monte la cima cierta y el camino inseguro, libre; subo los montes porque están ahí (“han daudelako” dicen en euskera) y porque son altos. Se dice, tal vez en Nepal, no estoy seguro, “la montaña, como la fortuna, no cambia a los hombres, pero los desenmascara” Y sí, ahí arriba, en pleno esfuerzo, buscando dar un paso más, uno solo es uno mismo.

Hay vínculos entre mis aficiones, y si no los hay, yo los descubro. Pienso en la lectura y recuerdo libros que he leído este año: termino ahora “Pilotos de caza” de James Salter, un maravilloso libro sobre emociones, expectativas, límites, deseos y personas. Y digo que quién piense que subir montes no es más que superar pendientes está tan errado como quien afirme que “Pilotos de Caza” es un libro de guerra; podría decir también, pensando en otro libro reciente, que el que diga que el monte es solo un deporte compartirá el mismo juicio torpe que quien mantenga que “El hijo del hincha“, de J. M. Isasi, es un libro de fútbol.

Así, porque quiero, traduzco “Riders on the storm” por “Pilotos en la tormenta” y lo hago pensando en la sensación de poder que me ha acompañado hasta ahora en las cumbres holladas en Pirineos. Poder que se equilibra con la fragilidad que cargo en mi mochila, en esa en la que me apoyo, porque como dice Georges Simmel “uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio!

Ez nekeak!

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3 comentarios en “Pilotos en la tormenta

  1. La gran montaña, la lucha, EL MITO DE LA OMNIPOTENCIA….viene a mi cabeza la entrada de la canción de Sueño con Serpientes (Silvio Rodriguez) en una cita a Bertol Bretch “hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, peor hay los que luchan toda la vida…esos son los imprescindibles…” el mismo mensaje que en los campamentos de verano adolescente transmitía el claretiano director del campamento, alias J.L. O. de Guinea Bissau entre los supervivientes del 70; “todos podéis llegar a la cumbre, el que llega muestra que puede luchar ,alcanzar, allá donde esté, el que claudica, y se queda en el camino muestra su debilidad de carácter, ese no llegará….”
    Yo medio navarra como era, independientemente de este mensaje, con pájara o sin pájara me recitaba a mi misma como un mantra; “por mis cojones que llego” y llegaba…..

    NO hay miedo, no hay limites, si quiero puedo., soy libre…

    Lo cierto era que siempre había quien tocaba cumbre, vencedor, pero conseguía que le bajaran y/o subieran en el Land Rover ahorrándose los trillones de km de carretera previos y posteriores. Ni siquiera la montaña nos sitúa en igualdad de condiciones

    Nere

    • Hay quien confunde, efectivamente, voluntad con omnipotencia cuando son cosas diferentes. El deseo de ascender y llegar a la cumbre puede ser la proyección de muchos otros deseos, cada una sabrá cuál es el suyo y cuál la mochila que lleva y le equilibra. No soy mejor por llegar hasta la cima, soy yo porque deseo hollarla.

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