Por fuera del paréntesis

“Cruzan nubes grises
por un cielo turbio y feroz.
Esta tarde espesa, acodado en este balcón..”

Somos levedad. M. García.

***

Rueda de días que pasan y se agotan y pinchan y renuevan, las mañanas de oficina siguen empezando más o menos igual: los mismos saludos, los papeles de siempre y el amenazante mensaje de advertencia al encender el ordenador (no cuajó la propuesta poética formulada en “Invictus reloaded“)

Teclas (c) JR

Teclas (c) JR

 

Carrera de mañanas que avanzan en desorden, no coincido hoy con nadie para ese momento de tomar un café con o sin mala leche y hablar de nada que sea útil para el curso del globo terráqueo en su órbita elíptica y eterna.

Momento de gracia, entonces, para morder unos minutos desiguales y comprar un regalo de cumpleaños para el que, esta vez, tengo pocas ideas. Se activa la cuenta atrás y dejo por un rato el ambiente enrarecido del edificio en el que trabajo y de pronto estoy en la calle.

Aire azul de una mañana de octubre, hay gente que pasea y tiene rumbo pero no prisa, no parece que haya nadie más en las aceras sin ideas para hacer un regalo. Cruzo la calle y un niño de meses, incorporado dulcemente en su cochecito de paseo bosteza plenamente como si no hubiera mañanas ni horarios.

Rumor de la calle, sonido en armonía formado por la suma de ruidos en la mañana en que busco donde entrar. Ciudadanos de a pie sentados en las terrazas que el calor tardío aún permite. Cruzo otra calle y viene de frente una pareja, altos y guapos, ella con pantalones vaqueros rotos por el frente en aberturas paralelas. Llevan a un bebé en una silla de paseo deportiva.

Punto de fuga tantas veces, la librería no se ofrece con facilidad esta vez, (tic tac, tic tac). Al otro lado de la calle me rindo a la facilidad de una enoteca bien surtida. Lejos de lo que espero, el dueño parece un viejo zapatero de cuento que arregle relojes de sueños infantiles en sus noches de vela. Me entiende perfectamente y me aconseja sabiamente tomar en cuenta el vino que la casa tiene en promoción.

Entra una clienta con un perro, y él la saluda por su nombre y se alegra de ver ambos. Obligado a mantener una conversación intrascendente mientras apaña las botellas en una bolsa le digo mi opinión sobre los perros y lo poco que me gustan. Me mira con mirada pacífica de criatura de los Hermanos Grimm y su cara dice con más claridad aún que sus palabras cuánto le gustan los animales.

– “Yo tenía un pajarito, ¿sabe?, y se me perdió un día en el bosque. Pero no paré hasta encontrarlo”

– “¿Lo encontraste?”

– “Síí. Se me perdió un día que lo saqué y lo estuve buscando toda la tarde aunque llovía, pero no apareció. Al día siguiente estaba en casa y le oí cantar. Le dije a mi mujer que salía a buscarle. Y buscando, buscando lo encontré y pude cogerlo. ¡Cómo me daba con el pico en sus manos!”

– “Gracias. Otro día vuelvo con más tiempo (tic tac)..”

Oliveros

Oliveros

Salgo. Aunque trato de escuchar con atención, no se oyen pájaros en la calle mientras deshago (tic y tic) el camino andado que me lleva de nuevo al interior del paréntesis. Fuera quedan algunas personas felices.

Josetxu

En B., una mañana de octubre de este año.

2 pensamientos en “Por fuera del paréntesis

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