Tablas

Si la vida es una partida de ajedrez, que no lo es, entonces yo soy un peón. Un peón que ya ha empleado más de la mitad de las jugadas disponibles en avanzar ordenadamente, hacia delante, cuadro a cuadro, defendiendo posiciones y con poco margen para la fantasía. A mi alrededor hay torres enérgicas que van y vienen; alfiles impredecibles de diagonales por sorpresa; caballos aventureros que hoy están aquí y mañana, con un arabesco ágil, están allí; reyes y reinas a quienes todos rodean y defienden.

Yo no soy bueno en estrategia ni tengo don alguno para la táctica; sólo un cierto orden, un andar poco arriesgado y lento. No importa, cada pieza tiene su función en la lucha eterna entre la victoria y la derrota.

Pero he aquí que a mitad de partida intuyo que los cuadros negros y blancos del tablero no son hitos de una senda obligatoria, que hay direcciones que también un simple peón puede abrir dejando de dar por hecho que sólo hay un movimiento uniformemente posible. Y un tiempo después de abrir las ventanas de este blog decido ver qué hay detrás del telón de un escenario. Y empiezo a hacer teatro aficionado, buscando representar tramas y personalidades inventadas, tratando de ver cómo es eso de crear otros mundos.

Lo primero que oigo es que “sin conflicto no hay teatro”. Me descubro, cómo no, torpe y falto de reflejos, como si el tablero hubiera mutado en ruleta de casino. Me equivoco, me caigo, no entiendo, me corrigen pero, mucho tiempo después, vuelvo a notar el maravilloso vértigo de estar aprendiendo algo, de ser enseñado, de descubrir nuevos juegos de mesa y sala.

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Los inviernos al sol (de York)
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Aprendo cada día más. Donde yo pensaba que sólo había que memorizar un papel y hacer lo que ya estaba escrito, descubro que no, que soy yo quien tengo que hacer una propuesta, que soy quien tiene que conectar con el personaje, crearlo, buscar en mí lo que hay de él.

Hay gente que lleva tiempo y que me hace sentir pequeño con su talento, pero también deseoso de ser más, de crecer unos poco centímetros aun a mis más de cuarenta años. Hay pasión a mi alrededor, y yo, que no destaco por esa faceta (podéis preguntar a mis múltiples amantes…) sí que, cuando menos, me lleno de emociones: miedo, deseo, risa, rabia, …

Acaba el curso, creo que habrá más. La obra que quienes nos dirigen han adaptado, “En lo más crudo del crudo invierno” de Kenneth Branagh es difícil, larga, compleja. 27 personas en escena, todas juntas en algunos momentos. Tras la última representación, le oigo a Carlos, el director de todo esto, hablar de que en el teatro se busca la verdad, y que en esa obra lo hacemos.

Y aunque sea en última convocatoria, me doy cuenta de que es así: de que hacer teatro es, entre otras muchas cosas, buscar en el interior de cada persona las verdades que infunden vida a la ficción, a la mentira de un personaje que la imaginación de alguien concibió y dio vida escribiendo sobre un papel que con el viento volará.

Y ahora ya pienso que las piezas de la partida encajan y que no todo es cuestión de ganar o de perder, y que las tablas, sí, también son apasionantes.

8 pensamientos en “Tablas

  1. Ángela

    ¡Qué bonito! No, no todo está dicho, no todo está claro, los papeles cambian, los movimientos varían. La vida no es una línea recta, es más bien como un árbol: se ramifica. Y nunca sabe uno cuándo y a qué altura del tronco va a brotar una rama nueva.
    Enhorabuena por tu descubrimiento.

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    1. Josetxu Autor de la entrada

      Gracias. Siempre se me quedan muchas cosas por contar, pero si no, esto sería demasiado larga. Habrá más oportunidades, seguro.

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  2. Anónimo

    Una vez más aciertas y nos das la pista… no todo tiene por qué seguir igual y somos nosotros los responsables de los cambios. Yes, we can! Hay mucha vida ahí fuera.

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  3. nerea

    “Donde yo pensaba que sólo había que memorizar un papel y hacer lo que ya estaba escrito, descubro que no, que soy yo quien tengo que hacer una propuesta, que soy quien tiene que conectar con el personaje, crearlo, buscar en mí lo que hay de él”
    Yo creo que siempre has sabido, intuido, que hacer teatro era un modo de descubrise a uno mismo, de descubrir su verdad, liberandose del camino aprentemente trazado, por eso estás ahí. No me cabe la duda.
    Ne

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    1. Josetxu Autor de la entrada

      Yo no tengo claro qué es lo que buscaba al hacer teatro, porque algo buscaba, eso seguro. Pero sí sé que dejarse llevar por la intuición suele ser un buen negocio.

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