Maridajes (escenas nº 1, 2 y 3)

 

Cereales. www.botellascerveza.com

Cereales (www.botellascerveza.com)

Prefacio

De camino al bar en el que he quedado veo cruzar la carretera a uno de mis antiguos compañeros de colegio. Está más delgado que yo, su mujer es más rubia que la mía y abre con el mando a distancia un coche notoriamente mejor que el mío. Yo sacaba notas mucho mejores que él, algo he debido perderme por el camino.

 

Escena 1. Taberna con letreros en euskera. Cerveza y pequeña hamburguesita. Dos chicas salen cuando entramos nosotros y una de ellas deja un rastro leve que creo que es de DKNY.

Quedo en este lugar con mi amigo I., a quien no he visto desde que terminaron los días de descanso de semana santa. Es un buen lugar para empezar, detrás de la ventana se ven la playa y el mar. A veces hay pequeños conciertos en este garito, que también tiene terraza.

El argumento serán las vacaciones. Yo tengo poco que contar, así que escucho con interés su relato de Nueva York, fundamentalmente de Manhattan. Todo ha salido bien: el apartamento, el metro, los Museos, Central Park. Ahora me doy cuenta de que olvidé preguntarle por el club de Jazz y por Diane.

Tomo nota mentalmente porque antes o después iré a Nueva York, bueno, fundamentalmente a Manhattan aunque, como él, también cruzaré el puente de Brooklyn y quizá coma o cene en la pizzería que se encuentra al otro lado. Me confirma que el espíritu de Nueva York es la propia ciudad que, a su vez, es el mundo entero. Intuyo que debe ser algo así como Bilbao con Apple pero sin Athletic.

 

Escena 2. Taberna con alma de ferrería, pero de diseño. Cerveza y pintxo clásico de huevo duro desestructurado. A nuestro lado se desprende de un cuello que emerge de una camiseta blanca bien colmada pero de diseño, una fragancia de inspiración claramente japonesa. 

Al entrar busco con la mirada a la camarera a la que una vez pedimos dos cañas y una fanta (de naranja) a las doce de la noche porque necesariamente tiene que acordarse. Rehuye el contacto visual conmigo, lo que confirma mi teoría.

El argumento gira en torno nuevas tecnologías (a nivel de usuario, como los conocimientos de informática que yo blandía en los currículos que presentaba hace tiempo) Mi amigo I. me lleva 1.000 megabytes de ventaja, lo cual es una oportunidad para aprender cosas nuevas. Me satisface comprobar que nuestra infraestructura ideológica al respecto es similar: valoramos y despreciamos cuestiones similares.

 

Escena 3. Bar minimalista de líneas puras, en blanco y negro. Cerveza y pintxo indescifrable. Combinación de olores neutros con otros de difícil identificación. Una chica alta lleva chaqueta vaquera, falda entre corta y larga y botines de los que sobresalen inexplicable e intencionadamente unos centímetros de algo que pueden ser unas medias bajas. El conjunto, aunque mal relatado por mi parte, es muy atractivo.

Al poco de llegar el Atlético de Madrid se adelanta al Chelsea de penalty, pero no pasa nada, aún queda tiempo así que opto por ponerme de espaldas a la pantalla. Noto que la cerveza ha hecho efecto, y la conversación se suelta hacia cuestiones aún más vitales que las anteriores. Ha sido el cumpleaños de I. hace poco y le digo que para mí su nueva edad (que no tardará en ser la mía) supone una frontera, aunque ambos coincidimos en que no sabemos exactamente a dónde lleva.

Hay puntos de vista convergentes y divergentes. En todo caso, sí, se abre una etapa nueva, en la que es seguro que no tenemos ahora la consciencia que tendremos cuando la valoremos dentro de diez años y veamos, entonces, qué es lo que nos hemos perdido de esta etapa que ahora vivimos. Yo defiendo que podemos juzgarnos y emitir veredictos sobre nosotros mismos, que lo podemos hacer mientras no nos despreciemos. Hay cosas que no puedo desear porque no las conozco ahora, si dentro de un tiempo las descubro mi deseo no podrá ser retroactivo. Yo no deseé ir a Nueva York  antes de saber que existía.

Yo digo también que mi vida discurre por canales más o menos convencionales, al menos en apariencia, pero que tampoco importa tanto; necesito algunas certezas y son ellas las que a veces hacen que pierda oportunidades, y es posible que con 55 años vea que me equivoqué, pero uno decide en el presente, no en el futuro.

El Atlético mete otro gol, yo creo que la jugada se inicia en un fallo de David Luiz. Los partidos los gana el que menos goles encaja.

Uno siempre descubre algo en estas conversaciones, y tiene la sensación de que la vida es algo fascinante que viene  a ratos al encuentro, a ratos al choque.

Me quedó pensativo unos instantes, pero no encuentro respuesta: no sé cómo las cervezas sin alcohol (que son las tres que llevo) pueden tener en mí efectos similares a las verdaderas, y pienso si no será verdad que, como dice I., todo es mentira.

2 pensamientos en “Maridajes (escenas nº 1, 2 y 3)

  1. Josetxu Autor de la entrada

    Esta es la primera parte del relato de las cervezas de una noche de primavera. Las coincidencias con la realidad son mayoritarias y premeditadas; por supuesto, me he tomado alguna licencia menor. Mañana cuento la última escena.

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  2. Pingback: Edición del coleccionista | ez nekeak!

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