Memoria de pérdidas

Construir la historia de uno mismo basándose en los recuerdos viene a ser como tratar de plantar en la playa castillos hechos de agua de mar. Las fortalezas que así se levantan resultan haber crecido sobre ladrillos de arena, incapaces de oponer la más leve resistencia, ni siquiera a la fuerza de la más desinteresada de las miradas.

 

Tratado de arquitectura efímera

Tratado de Arquitectura Efímera (c) JR

Era otro el párrafo inicial que una vez tuve en la cabeza para iniciar esta entrada, sin embargo, con innegable lógica interna, las líneas que lo formaban se han deshecho por el camino de los días o, al menos, eso me parece creer. Leí hace tiempo que el escritor Caballero Bonald sufrió durante una temporada una enfermedad que si bien no afectó a la elegante sonoridad de sus apellidos sí le creaba cierta desorientación vital: la tal dolencia consistía en fabricarle recuerdos falsos. Recuerdos, supongo, que le hacían entretenerse en algunas ocasiones en recrear placeres que no fueron y en sufrir punzadas de culpa o tal vez lamentos inmerecidos en otras.

Me inquieta a veces conocer el significado de los sueños, supongo que como a muchos. Pero creo que sería de mayor interés descifrar el significado de los olvidos. Por ejemplo, si olvido lo que me pidieron, lo que me encargaron, lo que depositaron en mí, ¿es a quién me lo pidió, me lo encargó o me confió el depósito a quien verdaderamente he olvidado?. Y si no guardo en la memoria el regalo que ofrecí, y con el que traté de hacer un poco mía a la persona que lo recibió ¿es mi deseo lo que olvido?. Y si por sorpresa me encuentro anotaciones escritas en las páginas iniciales de un libro que ignoraba poseer ¿demuestra ese encuentro que no soy ahora el mismo que entonces las leyó con la despierta atención de quien aún confía en comprender el significado del mundo a través de las palabras?

El río que nos lleva tiene en ocasiones el poder de diluir, desleír, disolver las cuerdas que mantienen juntas los troncos de la almadía en que viajamos, permitiendo así nuevos juegos de unión y nuevos saltos en la balsa sobre la que, a trompicones, descendemos la corriente que un día aparenta ser mansa y otro día no lo es.

No puedo saber dónde queda lo que yo olvido ni dónde duerme aquél relato genial que tuve un día en la cabeza y no logro traer a mi presencia; aún más me hace sufrir no recordar que alguna vez pude perder la memoria de algo que debiera haber mantenido siempre presente.

7 pensamientos en “Memoria de pérdidas

  1. javi magu

    Gran post, sí Sr. Risueño! No obstante, su memoria siempre fue de elefante…. Y como decía el gran Manolo García: “Nunca el tiempo es perdido. Es un recod más en nuestra ilusión, ávida de olvido….”

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    1. Josetxu Autor de la entrada

      Mi buena memoria es más bien de antes (lo que no recuerdo exactamente es antes de qué…) Eso sí, en Semana Santa también viene a cuento, como siempre, el sr. García: Llanto de pasión/ No recuerdo qué fue/ lo que tanto amé/ Qué cansado que estoy/ Recuerdos que al final/ son un cruce de caminos…
      ¡Un cruce de caminos!

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    1. Josetxu Autor de la entrada

      Yo defendería la opción de que el presente necesita contornos, líneas que definan; no sé si que cierren, pero sí que permanezcan. Vivimos en el presente, sólo en el presente.

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  2. Anónimo

    Si, vivimos en el presente y eso es precisamente lo que nos hace olvidar a aquellos que fuimos una vez.
    Es curioso, será quizás por la lluvia que hoy he desempolvado dos viejos álbumes de fotos (de hace 20 años, así que no serán tan añejos) y lo que he descubierto en ellos me ha devuelto La confianza en mi, en lo que fui, supongo que también queda un poco en lo que ahora soy.
    Me he dado cuenta de que había olvidado muchas de las cosas que viví con intensidad y lo especiales que fueron. Pero es tremendo darse cuenta de que lo cotidiano de esta vida nos hace perder un poco de esa “personalidad arrolladora” que tuvimos en otro tiempo. Porque como una vez me escribieron, ojos melancólicos si, pero palpitante de vida…

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    1. Josetxu Autor de la entrada

      Yo sigo haciendo álbumes de fotos, ya no pegando las fotos en papel sino con edición digital. Antes de las cámaras digitales ponía en ellos todas las que revelaba y ahora… casi también. Las fotos atrapan un momento de nuestra vida, lo limitan y nos permiten visitar ese instante (e incluso estar de nuevo en él) años después. Soy el mismo que aparece en ellas, aunque a veces el espejo que me refleja no quiera convencerse de ello.

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      1. Anónimo

        Yo creo que ya no somos aquellos de las fotos. Somos una versión renovada, una 2.0. Y eso no quiere decir que sea mejor o peor, solo distintos, con lo que el tiempo nos ha regalado, lo bueno y lo malo…
        Pero sí, estoy de acuerdo en que esas fotos capturaron momentos, todos preciosos, de nuestras vidas y cada vez que las vemos nos transportan a “aquel” instante, especial y bonito, siempre bonito, porque nadie se saca fotos de malos momentos, sino de los buenos que hay que recordar. Y es ahí donde reside la magia… de la fotografía.

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