Dolores pequeños (I)

A salto de mata, a trompicones, como puta por rastrojo, en patines, subiéndose a los pianos para apurar las curvas y poder aparcar (isla de paz) un poco antes y tomar aire entre dos paradas de un circuito loco que no acaba. Veloz a la tienda de paso para comprar algo de fruta, algo de verdura, algo para la cena y un poco de chocolate con sal que luego esconderá para sí. El pequeño está en música, el mayor en el entrenamiento y el padre de los dos… ¡aún tardará horas en llegar a casa el padre de los dos, el marido de ella sola!

Puerros  (blog.productosecologicossinintermediarios.es)

Puerros (blog.productosecologicossinintermediarios.es)

De vuelta al coche, mira el reloj (vestigio aún de un tiempo calmado en el que los segundos iban más despacio): ha conseguido raspar unos minutos a la tarde. Con un movimiento rápido desbloquea la pantalla del móvil y abre el whtasapp. Un ágil repaso, y él, con su nombre falso, está en línea. Empieza ella: “ooooola”, k tal?? tdvía n la ofi??” Él contesta algo sencillo, tal vez no haya sido oportuna. Pero ella sigue “jajaja, yo n viaje ngcios, q sta la  nvera a 0”. Él hace un comentario gracioso y sigue en línea. Ella piensa si será mejor llorarle un poco o tratar de ofrecer distracción; sabe que aún tardará varios días en verle de nuevo y quiere mantener algo de tensión: no es sencillo ser madre sola y mujer compartida. Salta de un tema a otro, entre el ingenio y el torpe jugueteo. escribiendo, en línea, escribiendo, en línea, … 

La aguja de los minutos no entiende de necesidades humanas. En el maletero, los verdes puerros empiezan a liberar su olor acre en la bolsa blanca, y todo el coche se inunda de ese aroma que, silencioso, perfuma su mala conciencia. Siente un dolor pequeño.

Todas, todas, … absolutamente todas las baterías acaban por agotarse.

Acomoda la falda, baja las ventanillas para airear un poco el coche y arranca de nuevo. La humedad que le desdibuja la carretera no se va con el parabrisas, no hay parabrisas que pueda limpiar sus lágrimas.

“¡Mamááááá!, ¡otra vez llegas tarde!”

(beso) “Cariño, ¡tengo tantas cosas que hacer!”

“Bueeeeeno, ¿qué tenemos hoy para cenar?”

2 pensamientos en “Dolores pequeños (I)

  1. Anónimo

    ¿Por qué debe haber mala conciencia? ¿Acaso no existe el derecho de ser feliz, de desahogarse? Si ayuda…
    Ese es el primer paso hacia lo que debemos vivir, a la felicidad… Detrás vendrán los pasos valientes… Y afrontar lo inevitable!

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