Alaska (Sudáfrica)

Hay pocos nombres que suenen también y evoquen tanto como el de Alaska, ¿no?

Yo pronuncio “Alaska” y hay por lo menos cuatro cosas que me vienen a la cabeza: un paisaje blanco y helado, con esquimales que tratan de no perder las cerillas; el Hotel que Bernardo Atxaga sitúa en Obaba en “El hijo del acordeonista”; el establecimiento que con ese nombre tiene unos helados de nata un poco sosos de los que tienes que hablar con cara de éxtasis si eres de Bilbao y, por último, esta chica que ahora es más conocida por estar más o menos casada con un tal Vaquerizo. Prácticamente en todos los casos existe una relación entre el nombre y la palidez de lo nombrado, pero eso no es algo de lo que yo vaya a hablar.

Alaska, 1984

Alaska, 1984

Deseo carnal” fue un disco de pecaminosa portada (hablamos de 1984) que contenía una canción que algunos llaman “Mil campanas” y otros “Ni tú ni nadie”. Esa canción, llena de rimas fáciles como disculpas ensayadas, tiene una frase que dice “qué difícil es pedir perdón” y luego sigue “ni tú, ni nadie, nadie, podrán cambiarme”. Oyéndolo ahora me cabe la duda de si es a ella a quien le resulta difícil disculparse y, además, no piensa cambiar, o si, por el contrario, sufre duramente porque alguien le ha ofendido y ella espera en vano que le pidan perdón.

Es posible que si la rima lo hubiera requerido Alaska podría haber cantado “qué difícil es pedir champagne” (en esos años todavía no sabíamos de Denominaciones de Origen y hasta el Rondel Verde era champán y no cava, yo todavía mezclo los nombres, lo siento) Pero no, dijo: “qué difícil es pedir perdón” y la clavó.

“Pedir perdón”, vaya cosa.

¿Cuántas veces en los últimos tiempos os han pedido perdón, pero de verdad, con el músculo cardíaco en la mano? ¿Cuántas veces habéis oído que alguien diga “la culpa ha sido mía” sin esperar que alguien le diga “no, hombre”? Y ya, de paso y siguiendo con las emociones que relacionan nuestro yo con vuestro , ¿cuántas veces alguien os ha dicho sinceramente “gracias” por algo que no sea dar la hora o comprar el pan? Es más ¿cuántas veces os han dicho “de nada” antes de haber dicho vosotros “gracias”, sólo porque parecía que estaba en el guión? Y, ya puestos, un paso más allá: ¿cuántas miles de veces os han deseado “disfruta” sin que nada le importéis a quien profiere tal imprecación? Y por cierto, ¿cuántas veces habéis dicho vosotros alguna de estas cosas sin el menor sentimiento? Espero que algunas menos que yo.

 “Disculpa”, “perdona”, “gracias”, “lo siento”, “disfruta”, …

Creo que alguien tiene que tomar cartas en el asunto y dejar una temporada en barbecho estas palabrejas, hasta que recuperen el brillo sincero de lo que se dice sin tener que aparentar.

Prohibido adelantarme (c) JR

Prohibido adelantarme (c) JR

Yo me pregunto: ¿de qué tenemos miedo cuando evitamos a toda costa sentirnos culpables (que a veces no es más que ser responsables de nuestros actos) o agradecidos? Vivimos, algunos, en la loca carrera por ser más y mejores, por tener la mejor ocurrencia y el mejor plan, por ver los más impresionantes paisajes o por tener los hijos que mejor pronuncian “Wednesday midnight at South Middlesbrough” con dentaduras perfectamente blancas y alineadas. Tal vez sea el terror a quedarse atrás, a ser menos, a deber más.

Pero yo realmente no conozco la explicación. Alguien como Nelson Mandela, experto en reconciliación y en la conducción de emociones individuales y colectivas,  hubiera podido ayudarme a entender los motivos por los que manejamos tan mal estos impulsos de la disculpa, el agradecimiento y el deseo del bien ajeno. Pero como eso ya no puede ser, temo que me quedaré sin una buena respuesta. Desde luego, por mucho que oiga a Alaska no creo que pueda profundizar en ello. Mandela, por ejemplo, no lo necesitó en absoluto; él, probablemente, nunca tuvo que oír en su celda de Robben Island la peculiar voz de Olvido Gara dando la lata con Dinarama.

Un pensamiento en “Alaska (Sudáfrica)

  1. nerea

    Quizás solo quien pueda/e prescindir del perdón, agradecimiento o buenos deseos ajenos es quien realmente maneje con acierto y auténtica emoción dichas palabrejas…
    No encuentro la relación entre el miedo a sentirnos culpables o agradecidos y la loca carrera por destacar…
    Por cierto y finalmente,¡¡ vaya casualidad la coincidencia de la última entrada hace apenas unos días y la muerte de Mandela¡¡
    Bueno pudiste rendirle sin querer tu particular homenaje.
    Ne

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s