Una dama extraviada. Willa Cather

El amigo de un amigo tiene una técnica particular de evasión y relajación. Cuando está pasando una mala temporada o simplemente después de un día especialmente estresante recurre a determinadas páginas temáticas de internet. Empieza por una cualquiera, la lee, entra en las fotos y ocasionalmente activa algún vídeo. Le sucede que al poco tiempo necesita ir a otra más estimulante y salta de la primera a la segunda, cuando los estímulos empiezan a decaer pasa a una tercera, cuarta, quinta página web. A veces, simultanea el visionado de varias, y así le puede ocurrir que en una esté viendo pueblos con encanto de Castilla y León, en otra un vídeo de la Riviera Maya y en una más, no sé, tal vez las montañas del Atlas marroquí. Y de alguna forma acaba habiendo un vínculo entre la primera y la última, una ligazón que no siempre es fácil explicar.

De un modo parecido pasa también con la lectura de libros; empiezas leyendo uno, y en él se cita otro como referencia, como apoyo o como refutación de alguna tesis; incluso algunos autores como el gran Javier Marías van contando pedacitos de otro libro a lo largo de su novela de una manera tal que parece que ésta no hubiera podido existir sin aquélla. Y así a veces se despierta también la curiosidad por nuevos libros.

una damaYo sabía que en una novela de J. M. Guelbenzu se nombraba “Una dama extraviada”, una obra de Willa Cather, (Virginia 1873 – New York 1947) que era a la sazón (cómo me gusta haber podido meter “a la sazón” en esta entrada) una escritora de la cual yo no había oído hablar jamás. Y lo sabía porque cuando tengo noticias de un libro que puede gustarme lo apunto en una lista que escribo en la última página de una agenda vieja. Lo dejé ahí puesto hace un par de años, pero no lo había encontrado ni en librerías ni en bibliotecas las pocas veces que me había acordado de él. Hasta que un día, en un mostrador de paso de la FNAC lo vi en edición de bolsillo. Poco me importó que hubiera entrado buscando algo totalmente diferente, era claro que tenía que comprarlo, como así hice.

La siguiente tarea fue tratar de acordarme de por qué quería leerlo, de qué era lo que me había llamado la atención. Suponía que podía tener algo que ver con el carácter de la juez Mariana de Marco, protagonista de las novelas policíacas de Guelbenzu, y pensé que tal vez fuera en aquél caso en el que la jueza y un investigador de la guardia civil viven un pequeño extravío. Pero como no tenía esos libros en casa no lo pude comprobar y he tenido que leer la novela sin esa certeza.

La dama a la que hace alusión el título vive en Sweet Water, en la época en la que el Oeste ya dejaba de ser salvaje por su naturaleza y, sin embargo, empezaba a serlo por la catadura moral de quienes sin haberlo trabajado con sus manos querían dominarlo con sus trampas. Marian es la bella esposa del viejo Capitán Forrester, hombre ya retirado de sus negocios del ferrocarril debido a que tanto su salud como sus finanzas se van deslizando con rapidez a la ruina. En el otro lado, Niel, el sobrino del juez Pommeroy va descubriendo la vida a través de la fascinación que siente hacia la protagonista.

Como tantas otras, es novela de iniciación y de aprendizaje y, por lo tanto, de decepción. Contada con las palabras justas y bajo las imágenes del campo en sus distintas estaciones, la muerte del Capitán ofrece carta de naturaleza al extravío de su mujer porque los equilibrios en las personas, al igual que sucede en la naturaleza, no dependen siempre de la relación de fuerzas que con mayor apariencia se presentan a la vista.

el azar y la causa (c) JR

el azar y la causa (c) JR

Así pues, conquista, seducción y lealtad a un lado contra pérdida, desencanto y falta de escrúpulos al otro. Esos son los rieles paralelos que la autora consigue que formen parte un mismo camino de hierro; por él va avanzando la trama hasta llegar a un final que resume y cierra el círculo del argumento.

Y terminado el libro, yo seguía sin acordarme de dónde lo había visto citado y por qué había llamado mi atención. Sentía mucha curiosidad por recordarlo así que cuando pude aproveché unos minutos perdidos (tal vez extraviados) para entrar en la biblioteca pública a investigar. Hojeé los que había, pero pasó el plazo y no encontré nada. Recurrí a Google books, y ahí sí, finalmente encontré la referencia. Y no, no era el libro del desliz de la jueza sino otro muy diferente: “El cadáver arrepentido”. Lo cierto es que no era mucho lo que decía una obra de la otra, pero aún así, me proporcionó bastante tranquilidad saber que había vuelto al origen de mi lectura.

No obstante, seguía viva la inquietud por saber más del libro recién leído, busqué comentarios y críticas en internet; quería saber si era un libro bien valorado, cuál era su interpretación correcta, qué se decía de él . Llegados a este punto, y sabiendo que Guelbenzu también es un buen crítico literario, quise ir un poco más allá y saber si él mismo había hecho alguna reseña sobre el libro de la dama. Y de nuevo Google me dio la solución: sí, había un artículo sobre esta novela corta, un artículo del mes de noviembre de 2002 en el que la primera frase es: “Ésta es una novela perfecta” Y, entonces, ya pude sentirme totalmente tranquilo: me dí cuenta de que no había nada más que decir.

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4 pensamientos en “Una dama extraviada. Willa Cather

  1. Josetxu Autor de la entrada

    Pues, querido/a anónimo/a, porque las entradas que comentan libros son las que menos visitas tienen en este blog, porque uno nunca cree estar a la altura, porque tiendo a extenderme demasiado para lo que se suele publicar, porque …

    Responder
  2. Pingback: D.O. Rubias de Neguri. « ez nekeak!

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