Hacer un “see you”

Regent Street

Regent Street

Las ensaladas preparadas de Pret a Manger, Benugo o Marks&Spencer tienen siempre un aspecto apetecible. No me refiero a que tengan un aspecto más o menos fresco, sino a que la combinación de diferentes ingredientes parece siempre perfecta. El jamón de Wiltshire, el freshly sliced cucumber o las salad leaves, junto las diferentes salsas y aliños parecen estar en continua e indestructible armonía. Sucede, además, como con las familias dichosas: todas las buenas ensaladas tienen un aire común, las malas, sin embargo, son infelices cada una a su modo.

Con las fotos familiares de los viajes (a Londres, por ejemplo) sucede algo que recuerda a las ordenadas estanterías de comida preparada: parece que todo cuadra. Pero no nos engañemos, una familia en un viaje así no puede mantener por mucho tiempo el permanente equilibrio de las ensaladas: si en lugar de fotografías los viajes los pudiéramos enseñar en vídeo sucedería en algunos casos algo similar a lo que experimentan las personas que trabajan en las cocinas industriales: conocen el lado oscuro del menú de 7,50 libras y, por ello, son incapaces de sonreír mientras se lo comen.

Al viajar en familia sucede que te fijas más en otras familias, y así eres también más consciente de cómo es la tuya. Es inevitable que se forme un cierto agujero en el estómago cuando ves al consabido matrimonio con dos  hijos (casi siempre, chico y chica, cómo lo harán) y te das cuenta de cómo la cara de la madre, que te podría haber servido de entretenimiento durante un viaje en metro, presenta claros síntomas de flacidez cuando la ves al lado de su hija, que ya está dejando atrás la parte más incómoda de la adolescencia. Es como si hubieran estirado ese rostro debajo de los ojos y en las mejillas y alguien su hubiera complacido en transmutar la piel en plastilina moldeable. En esos momentos, no puedo evitar mirar de reojo a mi mujer que, afortunadamente, aún resiste la comparación y además lee mi blog.

Y ellos. Ellos también tienen lo suyo. Por alguna ignota razón, los españoles suelen escoger sus nikis con los logos más grandes y llamativos para este tipo de viajes. Por no hablar del calzado, que parece que últimamente si no tienes una New Balance no eres nadie. Y las cámaras de fotos; y la guía de viaje, y esa mirada de “a mí Londres, que los arrollo”. Y, más que nada, esa incapacidad de andar junto con todos los demás: o dos pasos por delante o dos pasos por detrás, o pendiente de la guía o pendiente de las fotos.

No, desde luego, las familias en acción no serán nunca como las ensaladas en reposo.

Houses of Parliament

Houses of Parliament

Por eso, y tras una inicial fase de resistencia, he aprendido a hacer “see yous”. Primero lo oí de un amigo de un amigo, y nos reíamos. Luego fue mi amigo el que empezó a hacerlo, y me reía. Ahora, yo también me he convertido y en el último viaje, por fin, he hecho mi primer “see you”. Lo más difícil es mentalizarse, luego va todo rodado. Se trata de buscar algo que sólo puedas hacer tú, y además, hacerlo coincidir con alguna de esas obligaciones familiares cansinas como el lavado de hojas de lechuga. Tú lo tienes todo preparado, unos minutos antes empiezas a tomar distancia psicológica de la familia y a tener un aire un poco ausente, de ensimismamiento. Llegado el momento, te levantas, explicas lo que vas a hacer sin dar pie a preguntas, miras a toda la familia a los ojos, fijas una hora de encuentro posterior suficientemente flexible y sales por la puerta entonando un irremediable “see you…”

En mi caso lo que hice fue reservar una visita guiada, en perfecto castellano, a las casas del Parlamento. No había otra forma de acceso que hacer una reserva previa por internet, y la hice sólo a mi nombre claro. Así que el sábado a la mañana me levanté pronto, me vestí, y al poco rato pronuncié el conjuro y salí silbando hacia Trafalgar Square, en busca de uno de esos vasos grandes de cartón llenos de café que resultan imprescindibles para ser un turista auténtico.

Coffee

Resultó una gran idea (ya se sabe “maridos contentos, familias felices”) y una buena preparación para afrontar el resto del día , hacer el ridículo preguntando cosas en inglés y volver a entrar en la flagship de M&Ms de Leicester Square.

Londres agota, exprime, estimula y envuelve.

Por eso, tras unos días de perfecto turista, el deseo es volver a casa, dejar que la maleta se vacíe sola y la ropa autogestione su propio lavado; sentarse cómodamente en el sofá, encender la tele y llegar a tiempo para poder dejar la mente en blanco mientras te absorbe un eterno último set en Wimbledon de donde llega un suave olor a fresas con nata.

“Querida, comería algo, ¿qué tal si vas preparando la cena?”

La contestación, british style, es inevitable:

“Si quieres una ensalada, te la haces tú, darling”

Coges aire y murmuras: “keep calm & carry on”

2 pensamientos en “Hacer un “see you”

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